Por Milene Aguilera

Los textos que conforman el más reciente poemario de naGinoris se articulan desde una poética que, sin abandonar las marcas que han venido definiendo al autor, alcanza una intensificación en sus líneas temáticas. La propuesta de este libro nos llega de manos de la Editorial Verbo (Des)nudo y su creador es acérrimo enemigo de los límites. Diatribas se presenta ante el lector como ofrenda y revelación, como vía necesaria hacia el punto convergente entre libertad y poesía.

Nos enfrentamos a un discurso que transgrede lo agónico mediante el empleo de una voz lírica, muchas veces, violenta y desenfrenada, como sugiere el propio título del poemario. Sus versos se dejan caer sobre el papel con ritmo acelerado y listos para desempeñar el rol que les ha tocado en esa parábola del dolor que habita silenciosa en cada uno de nosotros. Lo inmanente no es más que asfixia y la relación del hombre con su espacialidad mantiene al sujeto de estos textos en un entrar y salir del cuerpo. Cuerpo-casa, cuerpo-ciudad, cuerpo-cárcel. El cuerpo como instrumento idóneo para violentar y violentarse. La provocación detrás de todas las preguntas y con ella la invitacion a gritar. Este juego constante entre cuerpo y espacio queda sellado a través de la lucha eterna de la piedra sobre la carne.

Los brazos, las bocas, las piernas y las lenguas se agrupan y fragmentan para construir un lienzo orgánico capaz de transmitir la condición múltiple del hombre. Un intercambio de significados sede lugar a los referentes corpóreos hasta trastocar las marcas de un discurso que bien podria sustentarse sobre lo erótico, lo social o ambos. El corpus completo hace alarde de una unicidad estructural que contrasta con el universo caótico y opresivo del creador, al mismo tiempo que permite, a quien lo lee, transitar por un camino holgado que no elude los peligros de la suspicacia. El desengaño de las verdades (o las mentiras) será simultáneo para lector y poeta pero el dolor por lo descubierto no podrá jamás ser mayor que la fruicion del descubrir.

El trabajo con los referentes marinos continúa acaparando una zona significativa en la incipiente pero prolífera obra de este joven poeta. Así como buena parte de la tradición lírica cubana, naGinoris ha caído, a conciencia, en la trampa identiaria que vuelve a los hombres esclavos de su tierra. La insularidad transformada en mestizaje cultural, no solo desde el interior de la isla, sino también al interior del poema funcionan como factor medular para posicionar al sujeto en el aquí y el ahora. Una urgencia firme, un clamor que demanda ser escuchado: eso es Diatribas. El autor ha querido abandonar su rostro y convertirse en el poema, en los barcos, los muros; sus brazos en lugar de los remos y su alma en todos nosotros. El poema, a su vez, se ha convertido en la voz de los antiguos, el lamento de los idos; el poema es tu padre, tu hijo, tu casa o simplemente tú. La batalla de los gritos mudos y el regreso apenas comienza.

 

 

 

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