SONETO DEL AMOR DESPACIO

Déjame poco a poco acontecerte,
amarte antes de lejos, sin que veas
que te miro y que tú tan solo seas
un “quizá” que quisiera ser más fuerte.
Llegará mi primer amanecerte
cuando en todos mis versos entreveas
deseos de saber que me deseas
a mí, que te soñé sin conocerte.
Los días cumplirán su cometido
y se irá reduciendo nuestro espacio
hasta hacer de dos vidas un latido.
Entraré finalmente en tu palacio
de cristales de luz, y habré aprendido
el arte de saber amar despacio.


ARPEGIO DE AMISTAD

Estos versos quieren ser de flor de abril
y de nieve virgen en las cumbres del Makalu.
Quieren ser viejas canciones
entonadas en la proa de un velero
y surgir, a la vez, de algún compás
de violín en la novena sinfonía.

Quieren ser de piedra y cielo,
quieren ser ola y espuma;
sangre, lágrima y estrella;
lecho de arena caliente
en la noche boreal de tus desiertos.

Quieren bailar en la atmósfera que irradias.
Cristalizarse…
¡Dejar de ser poema!

Estos versos pretenciosos…
quieren decir tanto y son tan poco…
Pero cuando no escuchabas, admitieron
que les bastaba con mirar desde un rincón
la forma de rimar el mundo que tenías.




MIRABAS HACIA EL MAR

Mirabas hacia el mar en aquel banco
sentado, refugiándote del mundo;
de sus ansias desbocadas de todo.
Mirabas hacia el mar y él te miraba
como miró a McCandless y a Thoureau
y te contaba sus secretos de sal.

Mirabas hacia el mar y no importaban
los óleos de Sorolla, ni los versos
antiguos de poetas consagrados.
Tú volabas libre en ese oxígeno
puro de tus Alaskas invernales
y entre los bosques verdes de Ginebra.

Mirabas hacia el mar al mediodía
llenando cada azul de aquel instante
y lo hiciste sencillo, como siempre.
Sin ventanas, espejos ni estructuras.
Un trazo de Verdad fue suficiente:
“me encanta ver el mar”… y te callaste.


PASEO EN BARCA

La tarde le ha prestado su brisa a este poema,
pero no sé volar cometas con mis versos,
ni acariciarte el rostro
levemente,
con moléculas de Atlántico y de luz…
ese rostro por el que existen
todas las brisas del mundo.




ESA ESTRELLA DEL ADRIÁTICO

Atardecían los azules del Adriático
y navegaba contigo la amargura
de haber palpado en otro corazón
un nuevo contraluz de Adán latente.
Nació el primer lucero en el ocaso
y te llegó de Petrarca el verso, al vuelo:
“Già fiammeggiava l’amorosa stella,
per l’orïente, et l’altra che Giunone…”

Por contra, imaginaste tantos siglos
de una luz mucho menos amorosa
derramándose en la noche de los mundos.
La de la estrella que bailó las danzas sacras
de las tribus en hogueras homicidas
y encendía, reflejada en carmesíes,
a los cielos últimos de Ilión,
de Verdún y de Vietnam.
Esa que surgió en noches aciagas
y no dejó de alumbrar a los traidores;
la que callaba al derrumbarse las certezas
en la oscuridad de las promesas que sucumben.
La misma que, en los versos de Neruda,
cobarde tiritó sin confortar
al corazón más necesitado de consuelo,
que era el de un poeta sin amante.

La acusaste de ser cómplice de tanto…
mas, perdónala, quizá ella solo
pasaba por allí, resplandeciente,
y nadie le avisó de que no fuera
hermosa por lo menos una noche.
No le guardes rencor, a fin de cuentas,
también habrá brillado para ti,
en la calma nocturna del Adriático.




LUCAS 15, 29

A todos los hijos mayores:
¡Entrad y bailad!


Persiste obstinado aquel aroma
del cordero cebado recién hecho,
y escucho los acordes y las danzas
de esa fiesta robada, injusta, y prostituta.
Golpean mis minutos de existencia y me arrepiento
de no haber incumplido nunca una orden tuya.






Javier Martínez Sellers (Santander, 1993) Amante de la lectura y de las humanidades. Junto con Carlos Veci Lavín, consiguió en 2010 el Primer Premio de Jóvenes Investigadores en la categoría de Artes y Humanidades por el trabajo La relevancia de la acción de Vargas (noviembre de 1833) en la Primera Guerra Carlista: del mito al hecho. Graduado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca (2015). Actualmente reside en Oviedo y es profesor de literatura. En marzo de 2019 fue ganador del V Certamen de Ensayo de la UNED (Pamplona) por el trabajo Todo empieza cuando tú quieras. Algunos de sus autores de referencia son Miguel D’Ors, CS Lewis, Jesús Montiel y Karmelo Iribarren. 

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