ARROZ

París, 1968
A José María Arguedas, in memoriam




I
Un hombre pide un plato de arroz.
La joven no ha hecho nunca arroz.
El hombre necesita comer desesperadamente.
Están solos, en casa y en ciudad ajenas.
No se conocen. El arroz los une y los separa.
Son lo cocido y lo crudo, el arroz hervido
con fervor y el arroz exprés, la quinua sagrada
del imperio y el grano oferto al aire 
en rito nupcial traído de ultramar. 


II
Son dos granos de un arroz imposible.
Él calla, sumido en sus tormentos.
Ella tratará de hacerle arroz.
No hay una receta a mano (ella 
sabe leer): ¿el arroz al agua o el agua 
al arroz, el tiempo a partir de cuándo?
Sale una papilla aguada y sosa (con 
los nervios, olvidó echarle sal). 
Tragando llanto va a servirle el arroz.


III
Su expresión de dolor la sobrecoge.
Llega un ángel bueno, ducho en arroces.
A éste el hombre le habla, es de los suyos.
(Ella se esfumará de su memoria.)
Come ahora arroz digno, en el plato
le deja el silencio y la herida.
Canta en agradecimiento un huayno,
firma un libro, descansa.
Un año después se matará de un tiro.





RESACA

A Antonio Cisneros, Poeta in aeternitate




Vómitos, reflujo, asfixia, atoro.
Cero inspiración. Tos. Depresión.
Seis de octubre, casi estoy que lloro
pero es hora de tomar mi infusión.


Tras la duermevela de resaca
estiro el tiempo y me asalta un cuadro
en lo espeso de la noche flaca.
Esto es crisis. Casi estoy que ladro.


La idea de setenta y un sonetos
nace como desafío a la suerte.
Recoge el guante o muere, poeta,


A ver si la escritura es más fuerte
O si las moiras te tienden una treta
y no garabateas ni un cuarteto.


Coda

Amanece y encuentro en el diario
un artículo de Héctor Manjarrez
sobre el vate desaparecido


cuatro años ha, un seis del diez.
Soy el Cisne Negro y he venido
a salvarte en mi aniversario.   






FANTASMALIA

Es la hora en que el cuadro se trastoca.
Cuencas huecas bajo una frente aviesa
adivinan las sombras de la pieza
(yo una de ellas) y una cara sin boca, 


emisaria de esperpénticos dones,
gesticula provocando un sismo
(que acaba con todo romanticismo)
y desdibuja aquellos farellones.


En su cuello fatal nacen cipreses
(son lanzas de otro lienzo, un Uccello) 
y abajo ábrense negros remolinos


como un manto de hormigas en mi pelo.
Sobre el filo de un grito me encamino
hacia el pérfido mar (en que anocheces).





María Elena Blanco es autora de numerosos poemarios, entre los que sobresalen Posesión por pérdida(Grupo Barro, Sevilla y Ed. Libra, Santiago de Chile, 1990); Corazón sobre la tierra / tierra en los Ojos (Vigía, Matanzas, Cuba, 1998); Alquímica memoria (Betania, Madrid, 2001); Mitologuías – Homenaje a Matta (Betania, Madrid, 2001); Danubiomediterráneo (Labyrinth,Viena, 2005); El amor incontable (Vitrubio, Madrid, 2008) y Habanidad. Antología poética bilingüe 1988-2008 (Baquiana, Miami, 2010), Sobresalto al vacío (Mago Eds., Santiago de Chile, 2015) y Botín Antología personal (Bokeh, Leiden, 2016).
Asimismo ha publicado formidables ensayos como Asedios al texto literario (Betania, Madrid, 1999); Devoraciones, Encuentro de la cultura cubana Nº 10 (1998), Madrid; De utopías y Cuba, Revista Crítica Nº 78 (1999), Universidad. Autónoma de Puebla, México; Del lugar común, Revista Crítica Nº 90 (2001-2002), Universidad. Autónoma de Puebla, México; y Sueño cubano en África – I y II, Encuentro en la red, 16 febrero 2001, estos últimos y otros recogidos en el volumen Devoraciones. Ensayos de período especial (Almenara, 2016).

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