La Jesenská (primera parte)

No entiendo,
no hay carbón ni leña,
nada para calentarse.
Las fábricas están paradas
y los negocios cierran,
los cafés y los restaurantes
iluminados con pequeños
destellos de lámparas
de acetileno.
Nada para comer,
Viena.
Dos coronas el kilo de madera,
un pedazo de pan por persona.
Los trenes no andan.
Todo: el correo, el telégrafo,
la comunicación, funciona
apenas.


Y sin embargo Viena baila.
Viena canta, se divierte.
Representan operetas,
más locos
que nunca.
No entiendo.
Una Europa cubierta
de negros.
En América
una multitud ebria
de orgullo racial
cuelga a un negro
de un árbol.
En Viena, no se cuelga
a nadie.
En Viena,
casi medio millón
de negros. Hasta ahora
no se les ha hecho nada


malo.
Sólo se les ha prohibido
trabajar. Los médicos
no tienen el derecho
de curarlos, los abogados
el derecho de asisitirlos.
Y nadie
tiene el derecho de escuchar
a los escritores y a los músicos
negros.
Por el resto,
se los deja vivir.
Extraña justicia insoportable
del linchamiento
que avanza
travestida.
Me hablarán de vos, Franz
como si estuvieses muerto,
tu piel líquida adentro.


Tu piel líquida un nombre
y yo sin traducir
tragando todo el azul.
Cómo publicar
la correspondencia de
un artista,
si la riqueza del artista es
esta resignación
este domingo en los barrios,
lo que deambula
de tu tinta
en mis venas.
A la antigua Checoslovaquia
le han amputado
un tercio de su territorio,
miles de nuestros ciudadanos
han quedado del otro
lado de la frontera.
Nuestro país se desvanece


y ya no nos quedan amigos.
Dicen que no me leerás,
que ya estás muerto.
Recortaré estas páginas,
las recorto en punta
y las pinto
de amarillo; una estrella
sobre mi tapado.
Un hexagrama.
Una estrella de seis puntas
formada
por dos triángulos equiláteros
superpuestos.
Sobre el fondo amarillo
escribiré con caracteres seudo hebreos:
Jude.
No la Judenstern,
esa lámpara colgante
con un recipiente


en forma de estrella
que usaba la familia de Ernst
durante el Shabat.
No la estrella de la redención.
Una insignia del color del azufre, de Lucifer.
Amarillo del color de la traición.
Mi estrella habla.
Es un parlante, dice :
“no nos marcharemos, detrás de casa pasa el Moldava”.
Mi estrella está llena de agua.
¿Dónde estoy?
Caigo y caigo.
No hay vuelta atrás,
me sostengo de la fuerza
que me lleva
hacia abajo;
una cueva, este
adentro. Oscura, húmeda,
cuanto más entrás, más


húmeda.
Tu pelo huele a niño recién nacido,
me decías, y resuena
en este depósito donde todavía
no nos han afeitado.
Yo canto bajo, muy bajo,

In einem Bächlein helle,
Da schoß in froher Eil
Die launische Forelle
Vorüber wie ein Pfeil.
Ich stand an dem Gestade
Und sah in süßer Ruh
Des muntern Fischleins Bade
Im klaren Bächlein zu
.

algo de Schubert
cuando me alejo del Muro de las Lamentaciones
me dirijo a ver a Gerda.
Ella ya tiene dispuesta alguna prisionera
que necesita
ser acariciada.
Cobro por tocarlas.
Gerda se queda con la mitad
de lo que percibo:
margarina y embutidos.
¿Dónde estoy?
Cuando me encuentre de nuevo en libertad,
escribiré un libro
que lleve por título:
“Campo de concentración de Ravensbrück”.
Un libro óseo, prueba viva
de tu vida muerta.
Un libro que leerán
los que escuchen.
Porque estamos sordas aquí,
aunque escuchamos.
No escuchamos las palabras,
pero escuchamos los sonidos.
Distinguimos las voces familiares
pero no entendemos lo que dicen
porque son sólo bullicio.
O podemos repetir
palabras escritas que leemos,
pero no podemos repetir
palabras oídas.
No distinguimos palabras,
de las no palabras.
¿Que es Ravensbrück o Karagandá?
Podemos escuchar palabras cantadas,
pero no habladas.
Por eso yo canto y canto

In einem Bächlein helle,
Da schoß in froher Eil
Die launische Forelle
Vorüber wie ein Pfeil.
Ich stand an dem Gestade
Und sah in süßer Ruh
Des muntern Fischleins Bade
Im klaren Bächlein zu.






Ana Arzoumanian. De formación, abogada; poeta, ensayista y traductora.
Publicó los libros de poesía: Labios, Debajo de la piedra, El ahogadero, Cuando todo acabe todo acabará, Káukasos, La Jesenská; las novelas La mujer de ellos, Mar Negro; los relatos La granada, Mía, Juana I, Infieles; y los ensayos El depósito humano: una geografía de la desaparición; Hacer violencia. El régimen insurrecto en el arte.
Es miembro de la International Association of Genocide Scholars

Share this Post