Un soneto me manda a ser violento

Un soneto me manda a ser violento
y en mi vida me he visto en tal aprieto,
a lo más despotrico y me enrabieto
para encausar, luego, otro arrobamiento.

Pero hay tal nivel de miseria humana,
en el corazón del hombre (en el hombre),
que no existe escombro que les asombre
para enmierdar todo en palabra vana.

Ya no más diatribas como escarmiento,
ni el panfleto, el libelo, la saliva
o un verso incendiado que los confronte.

Solo queda el golpe certero y cruento,
soñar que la antigua flama reviva:
¡Coge tu fusil, poeta, y vete al monte!




Las nubes

Esa nube empujada por el viento,
aún más efímera que una rosa
(transmigración de algo a cualquier cosa),
perdió su sentido y su momento.

La rosa, en cambio, atiza la embestida
creyéndose algo más que el ser mundana,
la premian con un posible mañana
y se enciende en la noche, presumida.

¡Adiós perro! ¡Adiós barquito! ¡Adiós oso!
Adiós azul, gran tela de ilusiones.
Desfile de amores que acechamos,

fútil recuerdo de lo más hermoso.
Cuenta lo nimio dentro de tus dones,
que veloz perdemos lo que amamos.




Cuarenta monedas entre las manos

En suma la mitad del patrimonio:
cuarenta monedas entre las manos.
¡Oh, luminosos testazos arcanos
que aquí eché a suerte con el demonio!

Algunas cuantas al amor lozano,
otras tantas al más urgente viaje,
todas, en cambio, al uso del lenguaje
y al bello tiempo que he perdido en vano.

Al bello tiempo que he perdido en vano
−muy generosa herencia de mí mismo−,
como ofrenda, las más radiantes rosas,

porque si hay más fichas entre mis manos
aunque me juren de plano el abismo,
las echo al suelo, por las mismas cosas.



Carta a un amigo poeta

Muladar infame el que oigo en tu boca
de aquel soneto caído en la trampa,
plan del comité poético del hampa,
monserga inútil que nada provoca.

Ya nos aburre tu huevada barroca
de lo que es poetizar a la champa,
cubrir con hierba el cielo que escampa,
mandar al infierno al hombre que evoca.

¿Por dos versos decentes tanta bulla,
señor de las monedas en la barba,
del óvolo aconchasumadrado?

Ver volar para asesinar la grulla
¡Las cosas que fluyen cuando uno escarba!
Di la verdad, tío, ¿a quién le has ganado?



Sirva este soneto para alejarte

Quien pierde su tiempo en sonetos sucios
alza el andamio del amor perdido,
pues todo hecho ruin es ya del olvido
y todo cuerpo ruin, recuerdos mustios.

Hoy he oteado estos signos nuevamente
del relinche atroz de no bastarme,
¿Quién me puede acusar de traicionarme
o podar mal la rosa de mi mente?

Con un aplauso espanto cien sonetos,
gaviotas rimadas que huyen sin arte.
Sé de una oculta entre los abetos

y de otra extinta entre lo buscado.
Sirva este soneto para alejarte:
cadavérico rostro demacrado.




[5 sonetos del libro ¡Ars fascinatoria! (Vallejo & Co., 2019)]

Bruno Pólack (Lima, 1978) Poeta y ensayista. Ha sido coeditor de la revista Evohé de la Universidad de Lima, donde cursó estudios de Derecho. Ha publicado los poemarios (Alegorías hiperbólicas) o las ruedas del beso de Reinaldo Arenas (U. de Lima, 2003; Paracaídas, 2018), El pequeño y mugroso pólack (Lustra, 2007), Poemas médicos (Lustra/AECID, 2009), Universal/Particular (el sombrero raro producciones, 2013), Fe (Vallejo & Co., 2016) y ¡Ars Fascinatoria! (Vallejo & Co., 2018).

También ha publicado el ensayo El último virrey del Perú (Planeta, 2017). Ha sido editor de Lustra y Magreb, además de cofundador, en el año 2012, del Festival internacional de poesía de Lima. Es Magister por la Universidad de Barcelona y codirige la web Vallejo & Company.

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