Pescador

Lanza su anzuelo de esperanza,
más allá del arrecife,
de los chicos que pasan
y se sorprenden del pez
tan azul como los ojos,
en su carnaza.

Algo del pez conmueve
al pescador,
él se niega a poseer su belleza
y lo devuelve al mar
de sus turbonadas y deseos.

Esa belleza filial
comprime
el corazón de los chicos.

Ellos ya no contemplan al pez,
sino todo lo silvestre y sensual,
del pescador.




Pelirrojo

Un joven pelirrojo
camina rumbo a las duchas.

Allí los hombres se mueven desnudos,
exhibiendo sus gallardos cuerpos
tras la rutina de ejercicios.

El joven pelirrojo
lleva una toalla ceňida a la cintura
y ve pasar los esbeltos cuerpos,
en silencio.

Solo uno le sostiene la mirada,
aquel que marcha con aire resuelto
y le hace un guiño de ojo.

El joven pelirrojo baja la cabeza.
No sabe contener todavía
la mirada de otro hombre.

Y camina rumbo a las duchas,
al placer de rozarse
con el reciente recuerdo.




Frente a la multitud

Sorprende la tarde en el acantilado.

Un joven espera la última oleada.
Los alardes del aire
desatan su pelo
sobre el muro.

Extiende su idilio tras una moneda
la ofrece a la diosa del mar.

Lo difícil es traer de vuelta a Clodia Pulcher.
Si pudiera le preguntaría
cómo se desbroquelan los sueňos
cómo bebo su estoicismo.

El joven convida a merecer la noche
quebrándome el espíritu
frente a los desatinos de la multitud.

Me sorprende la tarde
con su acecho.
Espero que no se escurra en el agua
la belleza.




Calle Neptuno, calle 8, cualquier calle

Un hombre arrasa mis secretos
en torno a la imagen imprecisa
que muestro a desesperados.

El modela mis ademanes.
Me saluda a la usanza de mendicantes.

En esa bocacalle mido el silencio
el destello de esos ojos
que emanan misterio e inconformidad.

Tiemblo por el despojo de su mirada
de sus manos que ahora son abanicos
y giran hacia un rumbo de seducciones…

Cuánta sublimación anida su reverencia.
Cada hombre siempre tiene algo de mendigo.




El servidor

En mi corazón no cambian las estaciones
tan solo corren fatuas sospechas de invierno.
Allí reside la primavera
despertando las fuerzas de la verdad.
No lo corrompen amenazas ni injurias.
Permanece a salvo de la alambrada
en el perímetro de la conciencia.
En mi corazón no cambian las estaciones,
el paisaje es siempre un don.




(Cortesía de Edicones Éxodus)

Osmán Avilés (La Habana, 1979), es un escritor cubano que ha dedicado parte de su trabajo ensayístico a revisitar la obra de poetisas cubanas, entre las que se destacan Dulce María Loynaz y Serafina Núñez. Su primer poemario La persistencia de los fragmentos (Universidad del Trabajo del Uruguay, Montevideo, 2011) fue prologado por el escritor uruguayo Rafael Courtoisie. Como antólogo y prologuista tuvo a su cargo los títulos Sonetos escogidos de Serafina Núñez (Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2009) y El manto de mi virtud. Poesía cubana y uruguaya del S. XXI (Universidad del Trabajo del Uruguay-Editorial Letras Cubanas, 2011), en colaboración con el intelectual uruguayo Alfredo Coirolo. Su libro Los extraños monzones (Ediciones Extramuros, La Habana, 2010) obtuvo el premio Luís Rogelio Nogueras en la categoría de ensayo artístico-literario. Otros de sus ensayos son: Pilares de un reino. Una incursión por la vida y obra de Dulce María Loynaz (Ediciones Extramuros, La Habana, 2008) y el ensayo Serafina Núñez. La verdad amaneciendo (Ediciones Unos & Otros Cultural Project, Miami, 2015), presentado en la 35 Feria Internacional del libro de Miami 2018. Además, en ese año presentó su poemario Interpelaciones (Ediciones Exodus, 2018) y recientemente publicó Impertinencia de las dípteras. Antología poética sobre la mosca junto con el escritor Milho Montenegro(Ediciones Exodus, 2019). Actualmente estudia la Maestría de Estudios Hispánicos en la Universidad de Puerto Rico, donde se desempeña como investigador del archivo bibliográfico de Julia de Burgos.

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