Yerandy Pérez Aguilar: el paso del sol sobre nuestras vidas

 

 

Hijo mío

 

Árboles, solo troncos chorreantes de sabia tibia

estaban predestinados para ti

el aplauso del público, el golpe suave de la fusta en tu patica

y la paliza en el establo.

Me he cuidado bien, no existe el mínimo riesgo de que conozcas

esta luna roja sobre el río, este aire gordo, este pasto mudo…

Para mí he dejado el sembradío, las alambradas, la estaca y la antorcha

la reducción de la manada, la reducción de la moral

la reducción de la memoria

la memoria prodigiosa de un elefante simbólico. 

Hijo mío

el tábano, el calor

y el cementerio, serán mis experiencias.

Sean tus rodillas siempre blancas.

 

 

El trabajo

 

Estoy cansado de cargar estos cedros rosados

yo sé que de ellos salen hermosas alacenas, camas, y retablos

pero estoy cansado de cargar estos cedros rosados.

De gastar mis pezuñas entre bosques y aserrío, entre aserrío y bosques

estoy cansado

y de cargar sobre mis colmillos religión, palacio, victorias y derrotas

estoy cansado. 

Acostumbro, o me obligo, a soñar que soy empuñadura de espada

punta de pica

o figurita de marfil

para príncipe que juega en cuna de cedros rosados.

“No lo llamen –dice el cornac–,

es un sonámbulo extraordinariamente útil”.

 

 

La marcha

 

De dos en dos

como las malas noticias

como los latigazos

como los parpadeos nerviosos de las mujeres de la aldea

cuando los pesados troncos superan nuestras fuerzas.

No hablamos

no nos miramos

el parpadear es lento, espaciado, como el calor del verano

y el paso del sol sobre nuestras vidas.

Pero yo si lo miro, retraso mi parpadear

dejo el ojo izquierdo muy abierto clavado en su parpado derecho

hasta que lo abre

lentamente como la erosión de una piedra

y allí está mi ojo

mi lágrima de esperar su mirada contra viento y arena

yo, una masa gris y cóncava

distorsionado en  su pupila árida.

Me ve, pero no me mira, mi compañero en la marcha

la otra punta del tronco.

Un espasmo estremece sus orejas, aparece una humedad en su retina

cuando pasamos por frente del cementerio

pero la marcha es recta, hacia el aserrío.

Hoy no, camarada

todavía no.

 

 

Yerandy Pérez Aguilar (Pinar del Río, Cuba, 1990). Textos suyos aparecen en las antologías La casa por la ventana (Proyecto Arte Cuba 2012), Bicentenario de Gertrudis Gómez de Avellaneda (Sevilla 2014) y Catalejo II (Ed. Loynaz 2018), así como en las revistas Sci–Fdi (Universidad Complutense de Madrid 2014), Papeles de la Mancuspia (Nuevo León 2014), Cauce (Pinar del Río 2018), La libélula vaga, 2020, y Convivencia, 2020. Con el poemario “bitácora del paria” obtuvo el premio de poesía José Álvarez Baragaño en el año 2017. Finalista del concurso Gonzalo Rojas Pizarro 2019 con la obra “Variaciones en blanco y negro”. Ganador de los II Juegos Florales de Pinar del Río 2019. Tanto “bitácora del paria” como “Círculos vagamente azules” continúan inéditos.

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