Por Aleisa Ribalta

(Una conversación con el fotógrafo y artista multidisciplinario Frank Guiller)

La primera vez que vi una foto suya no pude menos que sorprenderme. ¿Es que se puede hacer esto, casi hablar en una simple foto?, me pregunto aún. Contar historias con la cámara, eso hace este furtivo. La fotografía es un arte difícil, sobre todo porque el proceso de democratización que ha traído consigo Internet, nos ha hecho creer que cualquiera es fotógrafo, cualquiera saca la cámara, publica una foto, recibe miles de elogios.

Frank Guiller es un artista multidisciplinario que estudió pintura y grabado en la prestigiosa San Alejandro, que además es diseñador gráfico y trabaja como creativo para empresas de publicidad y otros proyectos editoriales, que lee poesía y sospecho que hasta la escribe. Le conozco desde hace ya unos años, siempre hablamos de todo, pero hoy quiero que hable de él, algo que no hace muy a menudo.Su modestia es igual de esquiva que su lente.

A R: Frank, perteneces a una familia de artistas, los tres hermanos Guiller lo son. Tú debes haber respirado arte desde la cuna. Estoy en lo cierto, influyó eso en ti? 

F G: Sí, en realidad mis dos hermanos son artistas, el mayor escribe y el menor es un gran escultor. Desde muy joven en la casa se hablaba y se respiraba arte, desde la ópera que se escuchaba hasta los libros de poesía que se leían por aquel entonces en la isla, y de alguna que otra manera eso te toca. Esos son los recuerdos que luego te inclinan a decidir qué hacer con esas ganas de decir cosas y cómo expresarlas.

A R: ¿Qué recuerdos tienes de esos primeros años en que querías ser pintor? ¿Y por qué acabas siendo grabador?

Inicialmente quería ser un pintor abstracto, desde joven me interesé en la mancha y cómo se combina, pero a pesar de haber matriculado en pintura en curso diurno creo que era demasiado joven y con 13 años lo abandoné. Volví muchos años después al curso nocturno y finalicé en la especialidad de grabado, donde también se estudia pintura y fotografía. Me incliné por el grabado por tener un oficio casi directo, al salir de la escuela ya llevaba años dibujando y se me daba muy fácil también. Como el propio proceso es un poco alquímico, me cautivó.

A R: ¿Quiénes fueron tus primeros maestros? Me puedes hablar de tus formadores o de tus pintores más apreciados. 

Bueno, en pintura tuve al Chino León, Flora Fong también me dio un semestre. En dibujo a Frank Ebra y después a Luis Miguel y Ferrera. En Historia del Arte al gran Antonio Alejo y en grabado los cuatro cursos me los dieron Crespo Manzano y Juan González. Las clases de fotografía eran con el fotógrafo Mongo (Ramón Estupiñán) que por aquel entonces trabajaba para el Caimán Barbudo. Luego hubo otros como Fowler, todos fueron fundamentales para mi formación

En cuanto a los pintores, son muchos, pero te mencionaré unos cuantos: Joseph Beuys, Marcel Duchamp, Jeff Koons, Damien Hirst, David Hockney, Miró y Andy Warhol, esos forman mi estética y sobre todo el cine francés e italiano, que no voy a tocar aquí, porque sería muy largo.

A R: ¿Cuándo sales de Cuba y cómo llegas a New York?. ¿Cómo fueron esos comienzos en una megaciudad llena de galerías y de gente que quiere triunfar allí?

F G: Salí de Cuba en abril de 1988, llegué a New York después de estar un mes en Miami con mi tía materna. Decidí venirme a New Jersey, a vivir con mi madre que llevaba años acá y enseguida conseguí trabajo como fotógrafo. Los primeros años fueron de muchísimo trabajo para mí, pasaba horas en la agencia para la que trabajaba, luego el taller de silkscreen que llegué a dirigir y el Mercy College, donde también hacía unas horas. También iba mucho a New York, más que todo a ver el arte, en las galerías de entonces mostraban a artistas ya realizados. Era fascinante y yo estaba muy impresionado por eso.

A R: Y para seguir hablando de New York, ¿crees que tu manera de ver el mundo es una fusión entre lo cubano y lo neoyorkino?, ¿te marcó esa ciudad y aún te persigue el fantasma de la tuya?

F G: Sí, en efecto. En cuanto empecé a trabajar en la ciudad de director de arte y publicidad, mi mundo se fue llenando de toda la vida cosmopolitan de la ciudad. En ella se refleja como en un crisol a las personas que viven y trabajan allí de todas partes del mundo. New York es una ciudad que te impregna desde el neón hasta el teatro, sobre todo el off broadway. Sí, es evidente que te hace de alguna manera una marca, lo mismo pasa con la ciudad que abandonaste, que la llevas bajo la piel siempre( La Habana), aunque sepas que dejó de ser tuya hace ya mucho tiempo.

A R: Entonces… ¿la fotografía te encontró a ti o tú a ella? ¿Qué es este estilo tan particular de cada foto tuya, a la vez tan reconocible? Eres un voyeur, un furtivo, pero además un certero tirador, ¿cómo sucede esa alquimia? 

F G: La fotografía me reconoció como parte de ella, no hay nada mejor que hacer una foto. Sobre todo cuando quieres respuestas a cosas que no sabes de dónde salen, tiras una foto y ya tienes toda una historia que se genera a partir de esa imagen. Además una imagen está compuesta de todo lo que conoces, aunque no te lo parezca. Cuando la buscas, de alguna manera estás buscando lo que tienes dentro, ya sea a través de la literatura, el cine o la poesía. Yo no busco, usualmente encuentro, es decir, que me espera ese momento, y en eso si hay vouyerismo.

A R: Te confieso que a veces me he sentido desnuda delante de una foto tuya. Cuéntame ese proceso, ¿qué haces para captar así el instante? ¿Vas por ahí desde temprano con la cámara a cuestas? ¿A qué horas sales a cazar? ¿Quiénes son tus víctimas?

F G: Usualmente salgo temprano, me gusta esa luz de la mañana, entre las 8 am y las 11 am, pero lo hago en cualquier momento. También dependiendo de la serie en la que me sumerjo trabajando, escojo el horario. Eso de víctima suena a que disparo a matar y más bien, cuando disparo, trato de eternizar el instante.

A R: O sea, no eres un asesino en serie, me queda claro. Ahora tienes una exposición llamada Revelations of Identity. ¿Dónde será y qué va a pasar allí? Hablemos de esa identidad, de qué representa lo judío en ti. 

F G: Sí, efectivamente, es un show que me prometí hacer hace unos dos años y que finalmente va a ver la luz este 14 de septiembre en el Musto, el Museo de la ciudad de Union City en New Jersey. Está curado por Alexis Mendoza, al que le interesa mucho el tema de las minoría comunitarias en general y este show tiene un carácter documental. Me interesa sobre todo contar cómo se integra la comunidad judía a la ciudad y su relación con ella. La identidad es muy importante porque siempre la llevas allá donde vas. En mi caso, mi padre era un judío de origen austriaco en la Cuba revolucionaria, ya podrás imaginar… yo creciendo, viendo como lo desvincualaban de todo en esa sociedad del llamado hombre nuevo. Así que en parte, yo comparo cómo viven en ambas sociedades a través de mi lente, captando su participación, sus movimientos y su interrelación.

A R: Por último, ¿qué hay para el futuro?, ¿en qué nuevos proyectos está trabajando el artista completo y de mente inquieta que eres? 

F G: Lo que sigue está por verse, pero trabajo en una serie que todavía está en proceso, aunque su primera parte está ya terminada. Se llama Escape-Pareidolia y saldrá en imágenes grandes, tocaré el tema del transculturado en la sociedad. Aquí se juega con ese fenómeno psicológico en el que la mente responde a un estímulo, que puede ser una imagen o un sonido musical, lo percibe como algo familiar y enseguida lo asocia con lo que ve. Por ejemplo una calle de NY con una de la Habana, aunque la diferencia sea gigante y que por lo tanto, no exista. Finalmente, quiero terminar agradeciéndote este tiempo dedicado y tu admiración por la fotografía en general.

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