(Una conversación con el poeta y editor Gino Ginoris residente en Chile)

Le pido una entrevista, así, a quemarropa. Le veo vacilar, casi que se me niega.”Es que yo para eso soy muy malo, qué va, deja, prefiero conservar mi perfil bajo…” 

Pues no me voy a callar, estoy empecinada en saber, así que mejor empiezo ya a preguntar antes de que se me arrepienta. Solo me ha puesto una condición: que no inflemos globos y que no lo deje traicionarse a sí mismo. Entiendo que ”inflar globos”, se refiere en este caso a no exagerar el currículum literario, en cuanto a no traicionarse a sí mismo, no hay el menor riesgo, le intuyo muy cabal. Sé que responderá integro y sencillo, dirá su verdad, sin soplar ni un globo pero siendo ante todo fiel a Gino. Vaya mi curiosidad, sin saciarse del todo, a consolar al lector.

¿Es cierto que naciste en Cárdenas? ¿Qué recuerdas de ese bello pueblo y de todo aquel esplendor que te tocó vivir?

Sí, soy de Cárdenas, una pequeña ciudad con una playa muy sucia que recibía los desperdicios de una refinería de azúcar y que en las noches de verano inundaba la cuidad de un olor nauseabundo. No sé si tenga recuerdos perdurables de la ciudad en sí, todo  recuerdo de mi infancia se reduce al entorno de la familia, los abuelos repentistas, ser el más chico de cuatro hermanos tampoco ayudó a que la infancia fuera ese idilio fijado a la memoria, más bien me golpea el haber sido heredero natural de lo que ya mis hermanos mayores no podían usar porque les quedaba chico, los planes vacacionales en la escuela, obligatorios para los niños cuyos padres trabajaban y que eran el perfecto escenario para el bulling y el desprecio hacia los que como yo eran niños retraídos y sin muchos amigos.  ¿Cuándo es que empiezas a escribir? ¿Publicaste algo en Cuba? ¿Fuiste a talleres literarios, reuniones, formaste parte de algún grupo?

Recuerdo que mi abuela me regaló una libreta muy vieja donde comencé a escribir un cuento y luego algunas frases sueltas, me imagino que reflexiones de lo que sentía, ya en sexto grado tenía una “novel” escrita a lápiz como de 30 páginas y otras 4 o 5 libretas repletas de escritos, fui algunas veces a los talleres de literatura de la Casa de la Cultura pero eran aburridos y prefería leer en la escuela, me veo escapado del aula y sentado en la biblioteca,  que había sido una capilla católica en su época, me gustaba aquel silencio, el olor de los libros, la sonrisa cómplice de la bibliotecaria, copiaba poemas que luego trataba de imitar, sacaba libros en préstamo que no terminaba nunca de leer hasta que descubrí la Concha de Venus, el único lugar del pueblo donde vendían libros, entonces entendí que en la biblioteca de la escuela no estaban los libros que me gustaba leer. Pero siempre fui cobarde para mostrar lo que escribía, luego ya de joven comencé a frecuentar lugares donde se reunían los escritores y a descubrir lecturas más potentes, poetas que marcarían para siempre el camino que había decidido tomar.

A los 19 años un episodio muy extraño con un funcionario de cultura hizo que me apartara de todo aquello de una manera casi lapidaria, aunque seguía escribiendo como un ejercicio necesario. Llegue a tener en mis manos las pruebas de galera de un poemario que se tragó el tiempo, las intrigas y los análisis ”políticos” de alguien que decidió el destino de aquel libro con una sola opinión y que hicieron de mi posible inserción en el mundo literario una pesadilla, ser marcado como un tipo con ”diversionismo ideológico” debió ser funesto para un joven que comenzaba a abrirse paso en el mundo de la letras, pero es un tema que enterré hace mucho tiempo y del que prefiero no acordarme.

¿Y qué encuentras al llegar a Chile? ¿Cómo fueron tus comienzos allí? ¿De dónde surge la idea de fundar una revista y hasta crear una editorial?

 Llegué a Chile en Marzo del 2003, realmente no venía buscando nada, solo quería comenzar de nuevo aunque fuera en el polo norte y la vida es golpeadora cuando tomas esas decisiones, por primera vez me vi sólo en un lugar que no conocía y tuve que aprender a porrazos de qué se trataba el exilio. Limpié alfombras, fui guardia de edificio, mesero de restaurantes, tuve negocios propios, pero nunca dejé de escribir, recuerdo que me moría de cansancio y aun así me sentaba a escribir casi todas las noches. Encontré un movimiento literario bastante activo en Santiago  y mediante la web comencé a conocer gente con los mismos intereses, era la época en que los blogs estaban  en apogeo y un grupo de blogueros decidimos reunirnos una noche y romper la “virtualidad” creando primero un grupo literario y luego una revista. Ahí nació Verbo(des)nudo, como la punta de lanza para romper las barreras, la idea de desatar los nudos que impone la industria editorial y poner en papel aquellos textos que compartíamos en la web se fue consolidando hasta que en el 2011 se funda la revista de verdad, física, impresa, independiente. Éramos un buen colectivo pero la gente va perdiendo los instintos primarios y se va apartando, de los fundadores solo quedamos Mafalda Migliaro y yo,  siempre creí que era y sigue siendo una buena idea, sacrificios de por medio, ahí está Verbo(des)nudo con nuevos integrantes y más viva que nunca. Luego nació la Editorial con el mismo nombre, de a poco se fue materializando y hoy cuenta ya en su catálogo con más de 25 títulos publicados, casi en su mayoría operas primas.

Ahora que sale este libro publicado por Bokeh, cuéntame por qué se llama Yale y de qué hablas en él. ¿Qué encontrará el lector aquí?

Yale es un poemario que se conformó solo, no me propuse escribir un libro de poemas, en realidad los textos que lo componen se ganaron ese lugar en sus páginas. El lector va a encontrar en Yale muchos exorcismos, textos que no edulcoran el contorno, pero textos sinceros, pedazos de cualquier ser en cualquier época y bajo cualquier circunstancia, es el libro de un tipo cualquiera que no vive en su tierra y que lucha todos los días contra los estigmas y la fealdad, no hay nada personal y todo es personal, no hay nada biográfico y todo pudo ser,  es un poemario sin rencores pero que no se silencia ante nada, me encantaría que alguien me diga un día qué fue lo que encontró en él  porque es un libro que no escribí para mí, también me gustaría que el lector descubra por qué tiene ese título y pueda entender entonces el enorme significado que tiene para mi historia.

¿Cuántos libros has publicado y cuántos guardas inéditos? Me dijo un pajarito que no paras de pensar poemas y que a la vez te pones trabas y mil trampas para no escribir los tuyos, así como estás, sumido en editar los de otros…

Yale es mi quinto libro publicado, inéditos hay muchos textos, muchos, algunos agrupados en pequeños poemarios pero la mayoría esperan, esperan por mí, esperan que les dedique una mirada una “vuelta de tuerca” que los haga volver a respirar. También hay cuentos y una novela que terminé el año pasado que se llama “Blanco” y a la que no he vuelto por falta de tiempo y ganas y a la que le tengo mucho miedo. Me encanta el trabajo de edición, ese proceso que comienza con la primera conversación con el autor y que se va convirtiendo en lo más importante mientras dura, el meterme en la piel de cada texto, descubrir sus entre líneas, llamar al autor a las 11 de la noche para proponerle un cambio, una omisión o para que me explique una idea, es fascinante y es algo que hago desde hace mucho tiempo y con mucha responsabilidad y entrega y sí es parte de esas trampas que me pongo para no acercarme a mis propios textos, pero no solo la edición, me invento lecturas aunque sea un libro ya leído, busco pretextos para no sentarme a escribir, pero al final siempre me vencen las ideas y a regañadientes me siento y dejo que salgan y su ubiquen donde les dé la gana. 

¿Sientes que la revista ha alcanzado la difusión esperada? ¿Sigue siendo editar tu sueño más soñado?

No, la revista no ha alcanzado la difusión que me gustaría que tuviera, sé que falta empeño, hacer un fuerte y preciso marketing para darla a conocer más, pero es muy agotador  tratar de mantenerla durante tantos años sin ningún tipo de apoyo, algunas veces he pensado seriamente en tirar la toalla pero luego recuerdo que hay tanta gente agradecida de haber sido publicada en ella, algunos por primera vez, que solo esa idea me hace retomar el camino y decir sí, Verbo(des)nudo sigue.

Mi sueño “más soñado” es vivir en la montaña rodeado de eucaliptos, tener un chivo, seguir editando hasta que me ponga viejito y de vez en cuando escribir un poema.

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