NOSTOS

¡AH, SI FUERAS tú posible todavía!
Si pudieras pronunciar
de nuevo tu palabra
en un momento sin tiempo
y hacer como aquél día primero,
que todo fuera posible:
Como regresar cantando
a casa. Yo inventaría
entonces para ti
un alfabeto nuevo,
donde amar consistiera
en pronunciar lentamente esa palabra,
con todas sus letras
y tu propio acento, a toda hora
y en un lugar sin fecha
que fuese meta y partida —y
regreso a cada paso, al mismo tiempo.

NO TEMERÉ la muerte
cuando acaben las palabras,
pues se aviva mi voz
al viento que da vida,
que se agita
o brilla en majestad sombría,
y a veces tiembla.
Es más fuerte
que el amor y el miedo,
y más fuerte
que toda la muerte (Un gallo
cantará cuando acaben
las palabras
—misterio: Mitad sueño
y medio espejo
el aguijón, silencio).
Al fin seré real: Haciendo
moriré, moriré viviendo.

VENDRÁ la muerte y tendrá tus
ojos. Y no sabrán los míos
mirar hacia qué norte,
hacia qué resplandeciente nada
entregar la nueva imagen,
hacia qué pozo.
Cuando la niebla disuelva
mi memoria, miraré
hacia dentro buscando su sentido
a las fronteras, a las llamas
y a las rosas. Yo mismo seré
tu última mirada. Con tus
propios ojos miraré mi muerte.

VOLVERÁS, novicia
y encendida a preguntar
por el espejo congelado
en mis pupilas. Ni mi lengua
sabrá donde se halla
mi conciencia, formulando
de nuevo las preguntas: Más allá
del límite, por encima
de las voces. Vendrás. Y hablarás
mi lengua. Y jugaré con ella.
Sobre el ángulo recto
de mi última mirada —imposible
razón, bóveda curva
de los espacios en sombra,
te miraré nuevamente.

ME apoyaré en tu soplo, tan
liviano que me lleve
—perdido el rumbo,
por los valles previos
al bosque donde miras.
Tú vas más allá de donde veo,
pero me dejas solo
para que suba a la sima.
Torcido voy. Bebo tu aliento.
Y me tapo la cara: No
quiero ver el primer reflejo
que allá me aguarda y acarreo
para siempre en el vidrio
de los ojos. Caeré pues
hacia arriba, girando
mudo y ciego, transparente.

ABRO los ojos y mueres memoria
que camina miedo
de otro exilio rescatada.
Acaso dios aterrado como el
niño que me mira —vida perdida.

QUIERO sólo ser
la luz del sol pintada
sobre una pared.

Lo demás yace en ese punto de luz
que llamamos Sombra, el gran Punto
anterior a los dioses hacia donde…
Ricardo Reis

Miguel Veyrat (España, 1938). Poeta, periodista y traductor literario. Publica en 1975 su primer libro de poesía Antítesis primaria en la colección Adonais al que siguen varias entregas editoriales. Tras diez años de silencio inicia una nueva indagación poética en la década de los 90 con la publicación de El corazón del glaciar, Elogio del Incendiario, Conocimiento de la Llama, La Voz de los Poetas, Babel bajo la Luna, Instrucciones para Amanecer, Fronteras de lo real, escritos sobre poesía, Razón del Mirlo, Poniente, Pasaje de la noche y recientemente (2016) El Hacha de Plata. Reside y trabaja actualmente en Andalucía con dedicación exclusiva a la escritura. Ha publicado cuarenta libros, la mitad de ellos de poesía con numerosas reediciones y traducidos a varios idiomas.

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