Fragmentos de Arquíloco de Paros




En Arquíloco de Paros, mercenario y colono jonio del siglo VII A.C., confluye para nosotros el origen de dos de los géneros más representativos de la poesía arcaica griega. La elegía y el yambo responden a distintos patrones rítmicos, y suelen ser distinguibles también en los órdenes de la dicción, del ámbito temático y de la ocasión de recitado. La de Arquíloco es la primera voz poética poderosa que se hace escuchar después de Homero (y, en cierto sentido, también contra Homero). La condición efímera del hombre, la guerra, el banquete y el eros (en su acepción arcaica, que incluye –entre otras cosas– el deseo y la pasión, pero que sólo aproximadamente podríamos traducir por el término amor) fueron materia central de su canto. Lo que sigue son cuatro fragmentos (dos elegíacos y dos yámbicos) que incluye una antología de poesía griega arcaica que publicará Rialta Ediciones. [http://rialta-ed.com/]


Con mi escudo algún sayo se jacta, después de que en la estacada
me lo dejara, sin querer, arma formidable.
Pero pude escaparme del confín de la muerte. Que le vaya bien
a aquel escudo: en seguida me conseguiré otro no peor.
*

Ningún ciudadano, Pericles, ni la ciudad, disfrutará
si se queja en el banquete de duelos lacerantes.
Porque a tales hombres las olas del mar siempre resonante
se han tragado, tenemos por ambos lados los pulmones
hinchados de dolor. Pero los dioses, querido, a males inexorables
han puesto la poderosa resistencia como remedio.
Una vez toca a uno, otra a otro: ahora contra nosotros
se ha dirigido, y sangrienta llaga lloramos,
pero pronto hacia otros se volverá. Así que, cuanto antes,
a resignarse y abandonar todo lamento femenino.

*
Ninguna cosa puede haber ya inesperada, ni nada ha de ponerse en duda
ni ser motivo de admiración, después de que Zeus, el Padre Olímpico,
tornara el mediodía en noche, ocultando la luz
del radiante sol. Un pavor viscoso sobrevino a los hombres. 
A partir de entonces, cualquier cosa puede esperarse 
y ser digna de crédito. Ninguno de vosotros se asombre de lo que vea:
ni siquiera si los delfines permutan con los leones su régimen
marino, y estos encuentran preferibles las olas resonantes del mar
a la tierra firme, mientras para aquellos se vuelva más dulce la montaña.  
*
Tal apetito de amor se me deslizó hacia el corazón,
que mucha tiniebla se derramó sobre mis ojos,
robándome del pecho las blandas entrañas.


Juan Manuel Tabío es profesor, ensayista y editor. Integra el equipo editorial de Rialta. Otras traducciones suyas de poesía griega han aparecido en Diario de Cuba [http://www.diariodecuba.com/de-leer/1463641855_22471.html], Cuadernos Hispanoamericanos [https://cuadernoshispanoamericanos.com/safo-titono-la-voz/] y Rialta Magazine [http://rialta-ed.com/la-estacion-de-la-fuga-arquiloco/].

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