CINCO CANCIONES SEXUALES


1. CANCIÓN DE LA VIRAGO


Ha amanecido en su cuarto 
pero
ella ha olvidado
dónde está el
espejo.
Las mujeres conocen los espejos
como la palma de la mano.
Las mujeres tienen trato con la cara y la
cruz de las monedas nuevas, saben
mirarse en los servilleteros de los bares,
en los escaparates
de las tiendas de ropa.
Ella no sabe. Se toca la nariz
delante de la pared vacía
y retira de los muslos
el calor discreto de un orgasmo. En
la ventana está el tiempo que
transcurre de frente, lacrado
como un puño.


2. CANCIÓN DE LAS DOS AMANTES


Ellas dicen que el caudal de sus dos cuerpos podría desbordar una bañera y
que cuando se tocan los muebles del cuarto crepitan.
Dicen que ensamblan sus bocas a la piel limada, su fiebre a la luz, y
que la cama que hospeda sus pechos
es fértil como un campo sembrado de encías.
Dicen que son animales desnudos,
que en la playa nadan lejos de la costa,
que sus pies tocan el lodo deshecho de una vida anterior y
recogen en su sexo
como un faro
el dolor venidero.


3. CANCIÓN DE LOS AMANTES PRIMERIZOS


Ensayaron el duelo entre los
sacos de café como si el
sexo fuera un batirse de
aspas
contra el aire viciado de la tienda. Ella
tenía los mofletes recios como grumos
de mantequilla
y él la cara enjuta.
El mastín ladraba contra la persiana y
la abuela en la trastienda dormía.
“Este mundo se acaba”, pensó ella
mientras se recogía el pelo
para dejar que él le lamiera la
yugular.
Entornó los párpados, pero
al abrirlos
el suelo seguía estando sucio y un
grano de café
compacto como un ojo caía
por su rodilla.


4. CANCIÓN DE LAS NIÑAS A LAS QUE RONDA EL RÓTERO


Cuando el rótero vigila las
arcadas
de la casa
las niñas se ovillan, se
ladean.


No nos ve el
rótero
si cruzamos los
dedos
y decimos
el embrujo:
Mucílago, amonita, rosácea.

No saben
lo que significan las
palabras,
son anzuelos
para que el rótero los coma y el
veneno
se extienda
a través de su faringe,
celular
como un cáncer.


Mucílago, amonita, rosácea.

El rótero dice:
“si contáis algo, os mato.”
Por eso
hemos aprendido
a hablar un idioma
apósito,
hecho de palabras
comestibles
y danzantes.

Nuestro único deseo: que el
rótero
caiga al suelo babeando
entre quejidos de
muerte.
Nuestro único placer: odiar
al rótero
hasta que un placer nuevo nos
brote
una mañana limpia y
esmaltada
como un asta
saliente
casi
de la nuca.

Mucílago, amonita, rosácea.

Un reverso del cuerpo: cuando el
rótero las muerda, se hincará
un cuchillo
dentado
en la mandíbula.
Ellas reirán con
rabia fraudulenta
y cansada.
Su propia sangre mudará
en ceniza indolora
en las arterias.


5. LA CANCIÓN DE LILITH


ella
quería copular con la creación entera
con los restos de tierra que se desprenden de las
constelaciones con un nido de zorzales diminutos con el desuello de las reses
con
un sedimento con lo abotargado con lo antónimo con una
tenaza con
la savia de las
flores de color rojo con- sigo-
misma-misma semper eadem
con las páginas que la predicaban
con lo cardinal y lo quebrado de sí y de las otras con
lo entremezclado 
fangoso
difícil

(Poemas inéditos cedidos por la autora del libro Periférica interior, que será publicado por Stendhal Books en 2019)





LAIA LÓPEZ MANRIQUE (Barcelona, 1982) estudió Filosofía y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universitat de Barcelona. Ha publicado los libros de poesía Transfusas(Ediciones del 4 de Agosto, 2018), «Desbordamientos» (Tigres de Papel Ediciones, 2015), La mujer cíclica(La Garúa, 2014) y Deriva(Prensas Universitarias de Zaragoza, 2012) y ha sido antologada y traducida a diversas lenguas en compilaciones y revistas españolas e internacionales. Es coeditora de la revista digital de creación literaria y experimental Kokoro (www.revistakokoro.com) y de la colección editorial Kokoro Libros. Su último libro, Periférica interior, aparecerá en la editorial Stendhal Books en 2019.

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