Ha llegado la temporada de patos


“pasan los cisnes salvajes y de vez en cuando un ganso”
Isabel Fraire


Ha llegado la temporada de patos.
Estoy lejos de casa
pero recuerdo que hoy comienza.
La temporada de patos
antecede a la temporada de lluvias.
En mi pueblo les llamábamos pichichis
a los patos color verde brillante.
No sé por qué.
Nadie nunca me dijo de dónde venía ese apodo extraño.
Los veíamos pasar mientras jugábamos.
A veces eran tantos
que el horizonte oscurecía un poco cuando se acercaban
y la gente salía de sus casas a verlos pasar
y hacían tanto ruido que algunos tenían que taparse los oídos con los dedos.
Hubo un año en que los patos se atrasaron.
Los campesinos se quitaban el sombrero,
se frotaban la cabeza y miraban al cielo,
como buscando respuestas
en la velocidad de las nubes o el brillo del sol.
Mi abuelo dijo:«nadie va a sembrar este año,
sería un desperdicio»,
y nadie sembró ese año.
Aunque los patos pasaron después
y los recibimos de nuevo con alegría,
pero nadie sembró.
En otra ocasión los patos volaron tan bajo
que algunos se golpearon contra las antenas,
las palmeras y los techos de las casas.
Uno de ellos se lastimó tanto
que se tuvo que quedar en el barrio hasta recuperarse.
Los vecinos nos turnamos para darle de comer.
Yo le llevaba tortillas y migas de pan y a veces fruta,
aunque prefería las migas de pan mojadas.
Tardó unas semanas en poder volar
y un día, al volver de la escuela,
me dijeron que se había marchado sin despedirse.
Mi abuelo dijo: «está en su naturaleza volar,
tal vez tú también te vayas algún día».

Verduras

«Envidio tu fe en las espinacas hervidas
el arroz sin sal y el germen de trigo»
Jordana Elena


Me gustan las verduras
pero desde que voy con la nutrióloga
las como todo el tiempo en todas partes
«son tus mejores amigas ─me dice─
contienen polifenoles que dan color a tu piel
y recomponen el sistema digestivo»
antes me reía de los que comían muchas verduras
en todas las presentaciones
«¿cómo son capaces de sonreír?», decía
ahora he establecido con ellos cierta hermandad
y nos damos luces de dónde encontrarlas más frescas y baratas
ya sé que muchos pensarán cómo es posible
que alguien que escribe poemas como este
cuide su alimentación con tanto esmero
pero deben saber que esto es lo mejor que me sale
desde que voy con la nutrióloga
y como verduras en todas las presentaciones
todo el tiempo


Elasticidad


En 1912 Umberto Boccioni pintó «Elasticidad»
Un cuadro de formas fragmentadas y brillantes colores
En él hay un jinete que sostiene con firmeza
Las riendas de un caballo desbocado
En medio de un paisaje de torres eléctricas
Todo parece estar en movimiento
Tres años después Boccioni murió de una caída estrepitosa
De un caballo desbocado
En media de la gran guerra
Miro el cuadro y parece que el caballo y el jinete me miran
Algo me quieren decir que algún día entenderé
Quizá cuando esté montado ya irremediablemente
En mi propio caballo desbocado


Los poetas son seres bondadosos

A Fernando Uranga (en memoria).


Una vez vi a un poeta regalar su propia ropa a un vagabundo.
Fue un momento especial.
El poeta saltaba emocionado y desnudo.
El vagabundo, por supuesto, rechazó el gesto de manera contundente
y a cambio de que se vistiera lo invitó a almorzar.
El poeta en realidad era yo
y el vagabundo en realidad tenía un cuarto cerca.
Así que fuimos. Hubo albóndigas, pan, algo de vodka.
Todo era risas y alegría
hasta que las hormigas comenzaron a invadir el departamento.
Esas pequeñas carroñeras estaban por todas partes.
Salían y entraban de reducidos agujeros.
Parecían librar una batalla silenciosa por el espacio.
Recordé haber leído que si juntamos a todas las hormigas en un solo lugar
estaríamos ante la cuarta parte de la biomasa de los animales terrestres.
Es cierto, algunos datos resultan irrelevantes.
Como el vagabundo se había dormido, comencé yo mismo a matarlas a todas.
Las aplastaba con las plantas, con las palmas, con los puños.
Saltaba sobre ellas pensando que podría hacer eso para siempre
y entre más saltaba más hormigas salían de sus escondites.
Era un delirio brutal y yo me sentía un criminal de guerra.
De pronto una hormiga se detuvo, me miró fijamente y dijo:
«Yo en realidad no tengo por qué tolerar esta mierda.
Me marcho. Comenzaré algo por mi cuenta. Ya sabes,
al final del día quiero decir que ha valido la pena ser yo misma.
Además, no sé si estás preparado para todo este amor».
Yo me quedé helado. Esa hormiga era la viva imagen de mi exnovia.
Por un minuto guardé silencio, hasta que supe lo que tenía qué hacer.
Las hormigas seguían saliendo y yo las seguí aplastando.
No sé quién habló de la bondad en los poetas.


Kintsugi: el arte japonés de reparar vasijas rotas


He visto con sorpresa un documental
sobre el arte japonés de reparar vasijas rotas
o cántaros o tazas de té o figuritas de cerámica fina.
Los artesanos limpian las junturas
y vierten con la resina oro o plata o platino en polvo
y las unen hasta que la pieza
cobre nuevamente vida, cuerpo, ilusión y esperanza.
Es claro cómo los artesanos piensan
que también en la destrucción hay algo de belleza,
que puede emerger un rostro aún más hermoso de las ruinas.
Quiero decir que la historia de un objeto incluye sus heridas.
No sé si se entiende que hablo de reparación,
de recuperación, de lucha, de recomposición, de compostura.
No sé si se entiende que hablo del kintsugi.
No sé si entiende que estoy hablando de nosotros.


Estudio sobre la felicidad


Has pasado el último año pensando en separarte
y, cuando al fin decides hacerlo,
recibes un video que te invita a sonreír.
El ejercicio consiste en que, durante el día,
debes sonreír por algunos minutos.
Así harás pensar a tu cerebro que eres feliz
y terminarás siendo un poco más feliz que de costumbre.
La felicidad entonces se reduce a una serie de ejercicios musculares.
Es curioso.
La vida te ha sorprendido una y otra vez
con la misma broma.
Quiero decir,
¿recuerdas al payaso de tus fiestas de cumpleaños?
Siempre era el mismo.
Tus padres lo contrataban porque era un conocido
que se había quedado desempleado
y hacía todo lo posible por sobrevivir.
Tú sabías la historia y por eso te reías de sus bromas
y aceptabas sus globos
y tus padres pensaban que en verdad era un buen payaso,
que algo bueno había resultado del desastre.
De todo eso aprendiste
que los payasos pueden ser seres muy tristes
y que es posible simular que las cosas van bien
para hacer feliz a alguien.


En el súper


“de pie, ante la Divinidad de los tomates”
Marosa di Giorgio


En el súper, les leí mis últimos poemas a los jitomates
hablé del silencio frente al perejil
emulé a Marosa ante la cara fastidiada de las berenjenas
ante el temblor callado de las zanahorias congeladas
ante la risita burlona de una coliflor envejecida
ante la indiferencia hidropónica de las lechugas
las naranjas y sus medias naranjas se tomaban de los gajos
las manzanas y granadas eso sí, calladas, boquiabiertas
se tocaban la piel ruborizada, roja
porque hablaba ya de sexo y de amor desenfrenado
allí estaba yo ante un auditorio de espárragos dormidos
entre el departamento de lácteos y los estantes de frutas y verduras
a pleno recital lanzando las palabras por el aire
los limones tan verdes de contentos pedían más
las peras conmovidas se abrazaban entre ellas
y así seguí durante hora y pico frente al reino vegetal
hasta que alguien por el altavoz dijo:
se solicita la presencia del poeta en la salida



(Todos los poemas pertenecen al poemario inédito El año del pez espada.)



Roselbet Toledo Mayoral (Unión Hidalgo, Oaxaca, 1991). Escritor mexicano. Estudió Ciencias Políticas en la UNAM. Es egresado del Diplomado en Literatura Europea Contemporánea del Instituto Nacional de Bellas Artes. Escribe ensayo y poesía. Publicó ensayos en Centro Público Melí Meló y ha publicado poemas en revistas digitales como Carruaje de pájaros, LetraliaEl HumoEsporaBitácora de VuelosJusDigo.palabra.txt y Círculo de Poesía. Apareció en la edición XV de la colección Empezar por el principiopublicado por la UAM. Fue becario en poesía del Encuentro Regional de Literatura “Los signos en rotación” del Festival Interfaz 2016.

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