Están aún tibios en el recuerdo (y vivos como nunca), los días en que viajé a Calella de Palafruguell a recorrer los escenarios de una novela autobiográfica pero también fundacional. Quería conocer de cerca a sus personajes, una buena parte de ellos y de paso, entrevistar al novelista, al escritor y editor Ramón Serrano Balasch, que también es poeta y como todo buen poeta, cronista de su tiempo. Lo que Ramón es y sabe ser siempre, es ser amigo de sus amigos, que le defienden hasta la crisma. Somos sus gendarmes. Lo sé porque los he visto amurallarse, porque yo misma lo soy, me reconozco como tantos una ferviente seguidora de sus aventuras nada virtuales, de su verdad de vida y magisterio, de su oficio de compartir más natural, sin poses ni caricaturas. He regresado aún más impresionada, simplemente me quito el sombrero ante su majestuosa sombra de pino siempre nuevo y siempre milenario. La resistencia de las coníferas, es la expresión adecuada para describir su entereza. 

Les comparto la entrevista deliciosa que le hice en el patio de su casa, bajo la sombra de los árboles, arrullados por el trino de sus cantores habitantes, con el desayuno servido y la amistad recién horneada. Ojo, somos amigos y le admiro hace ya unos años, pero cuando nos vemos, amasamos de nuevo y levaduras mediante, nos crece la alegría, siempre nueva. Lo nuestro sí que es de chapata. 

A. R.: Dicen que la novela y la poesía son diferentes, de escribir y de leer, pero te paseas por los géneros sin la menor dificultad. Escribes sin parar… ¿Coincides con los del canon, notas esa diferencia, o para ti solo es escribir?

Sobre mi producción literaria no sé qué decir. Uno aprende leyendo mucho y, también, corrigiendo. Nunca fui a un taller de escritura, ahora tan de moda. No digo que no sirvan, pero no son indispensables ni lo son todo. En mi prosa hay una buena parte de influencia poética, es natural. Soy poeta. Quizás más que novelista, aunque me siento cómodo contando historias. En mi literatura hay mucha experiencia personal. También es lógico. He vivido mucho, e intensamente. En mi ADN hay una pasión por lo que me gusta y satisface, e indiferencia por lo que no, y por tanto no me apasiona. No me considero de ninguna Escuela literaria. Pero es cierto que pertenezco a una generación, la de los niños de la guerra, y eso ni se puede esconder ni superar. Soy, como todo dios, hijo de mi tiempo.

A. R.: Pero tuvo que haber un comienzo, algo que marcara esa vocación. ¿Cuándo y por qué quisiste ser escritor? 

De niño, cuando el profesor de gramática premia tu redacción, te anima, te pone de ejemplo en clase y, al contrario, el profe de matemáticas te da un coscorrón por una división mal hecha, o te pega con la regla en la punta de los dedos, te están marcando ya el camino del futuro. Años más tarde, en un seminario sobre Europa un monitor te da un montón de libros de Historia y te pide un trabajo sobre los movimientos de fronteras en el Continente durante el XIX y cuando se lo entregas y lo lee y te dice, eso es casi una tesina, y muy bien escrita y explicada, tienes madera de escritor, entonces ya no te cabe ninguna duda de lo que quieres ser. 

Además, la Barcelona de los 50s, siendo un desierto cultural por culpa de la guerra y la represión franquista, todavía conservaba atisbos de su tradición literaria y artística. Ese ambiente propicia las vocaciones culturales. Proliferaban tertulias literarias en las sillas de las Ramblas, grupos de artistas de vanguardia, como Dau al set, compuesto por pintores que luego serían famosos como Tapies, Cuixart, Joan Pons, Tharrats, etc. O tertulias teatrales, una permanente a altas horas de la madrugada, cuando terminaban las actuaciones teatrales, en el café Luna, en la plaza Catalunya. Yo frecuentaba una tertulia mixta, de escritores, filósofos, pintores, músicos… todos veintiañeros, en las sillas de las Ramblas, junto a la fuente de Canaletes. En invierno nos metíamos en la cervecería Baviera, que aún hoy está allí enfrente de la fuente. A pesar de la Dictadura y del exilio de intelectuales. Barcelona siempre ha sido centro de inquietudes culturales.

A. R.: ¿Hubo mucho exilio de intelectuales y artistas?

Sí. Y de los mejores. Y no sólo de intelectuales. Por ejemplo, al final de la guerra se exiliaron la mayor parte de maestros y profesores de los años de la República. Se cuentan unos 40.000. La mayor parte emigraron a América, a países como México, Venezuela, Chile y Argentina. Los que se quedaron fueron represaliados, encarcelados por años, o fusilados. Sólo por ser republicanos. Un país sin maestros y profesores o catedráticos, es un país desértico culturalmente hablando. La parte buena fue el enriquecimiento cultural de países como México o Chile.

A. R.: ¿Y cómo era la Barcelona de la gauche divine

No hubo tal Barcelona. La gauche divine fue un grupo reducido de jóvenes cultos, generalmente procedentes de familias acomodadas, de la burguesía catalana, que unieron su vocación vanguardista, su espíritu bohemio con su postura contestataria frente al tardofranquismo. Una calle, Tuset, a la que se llamó Tuset Street, con sus pubs y sus terrazas, junto con la discoteca Boccacio, escrita así, se convirtieron en puntos de reunión, en especial, nocturna. Destacó, el grupo de cine, la llamada Escuela de Barcelona, con Jacinto Esteva, Joaquín Jordá, Pere Portabella, Jaime Camino, José Ma. Nunes, Carles Durán, Vicente Aranda y otros, con un cine rompedor e iconoclasta. Aparte de los fotógrafos, Colita, Oriol Maspons, Leopoldo Pomés o César Malet, destacaba también el grupo filo-literario, con los Moix, Terenci y Ana, Manolo Vázquez Montalbán, Gil de Biedma, Carlos Barral, etc.etc. Pero en esa época Barcelona era el centro peninsular de la reacción antifranquista, con movimientos obreros, sindicales y profesionales muy importantes. Un centro de producción editorial, el más importante en lengua española, de asociaciones culturales y universitarias, y con una indiscutible vocación europeísta. Madrid venía a admirarnos y copiarnos. Luego, con los años y el auge del nacionalismo independentista Barcelona perdió aquél esplendor y su liderazgo cultural.

A. R.: Y ahora que nombras ese esplendor editorial barcelonés… ¿Cómo fuiste a parar tú al mundo de la edición? 

Yo tuve que ponerme a trabajar a los 14 años. Mi familia era muy humilde, mi padre marchó al exilio por miedo, pues era voluntario en la guerra, aunque regresó a los siete meses. Aquí estuvo otros tantos en un campo de concentración franquista para su depuración, luego pasó un tiempo sin trabajo y tuvo que salir por toda España como viajante de comercio, paños, bisutería, etc. Yo no pude hacer una carrera universitaria, aunque cuando podía me metía en las aulas de letras. Es decir, soy un auténtico autodidacta. Me inscribí como oyente en varias asignaturas de Letras. Pero, sobre todo, leí todo lo que pude. Mi madre empeñó algunas joyas para comprarme una máquina de escribir manual, una Hispano-Olivetti Pluma 22 y un diccionario ideológico, de palabras por ideas, el famoso Casares, para que yo pudiese escribir. Como no había dinero para libros conseguí trabajar como vendedor de libros a crédito, en especial libros prohibidos, que eran casi todos los que se importaban de América, muchos de ellos publicados por editoriales fundadas y dirigidas por los propios exiliados de nuestra guerra. Se consideraban prohibidos no solo los libros políticos liberales sino los que pudiesen atentar contra la moral nacional católica, o las buenas costumbres españolas, las más rancias. Así estaban prohibidos no solo Sartre, Camus o Malaparte, sino Huxley, Hesse, Thomas Man, Moravia, los escritores norteamericanos como Dos Passos, Steinbeck, Faulkner, Henry Miller, casi todo el teatro americano de la época, en especial el de Tenessee Williams. De esta forma, vendiendo libros podía leerlos. Y no paraba de leer.

Total, que cuando eso se acabó, comencé a hacer trabajos para editoriales, trabajos externos, como textos de solapas, informes de lectura de manuscritos, corrección de galeradas, etc. Y de esa manera fui haciéndome un nombre en ese mundillo. Luego, el azar me puso las cosas fáciles y me ofrecieron la dirección de DOPESA (Documento Periodístico, S.A.). Y así empecé a ser editor. DOPESA pertenecía al Grupo Mundo, de Sebastián Auger, el cual también me nombró director del Club Mundo, un espacio de conferencias y debates sobre temas culturales y políticos de actualidad. Por ahí pasaron no solo personalidades catalanas sino de otros lugares de España. Eso amplió en gran manera mis relaciones personales. Piensa que seguíamos en Dictadura, y Cultura, Arte, Sociología y otras materias eran, en el fondo, Política.

A. R.: Sé que estuviste vinculado a muchos artistas, pintores, cantautores, poetas, actores, en fin, una tremenda vorágine creativa. Me gustaría que me hablaras de la Nova Cançó catalana y de ese contacto que tuviste con muchos representantes de la misma.

Es cierto. Para muchos, y yo entre ellos, el surgimiento de la Nova Cançó tuvo un doble cariz. La regeneración de tantas letras anodinas en las canciones de moda y como instrumento de lucha contra el franquismo. Durante un tiempo, seguí las actuaciones de los nuevos cantautores catalanes, tuve con algunos unos lazos de verdadera amistad, por ejemplo, con Raimon, con Francesc Pi de la Serra, con Ovidi Montllor, con Guillem d’ Efak, y otros. Tenía en mente un libro que no escribí y se quedó en un par de reportajes en la prensa. Los dos años en México, muy enriquecedores por otra parte, me alejaron del terreno de lucha contra la Dictadura. Piensa que me fui a México para huir del ambiente frustrante del franquismo y por haber estado en el encierro de Montserrat de intelectuales y artistas en protesta por un juicio con seis penas de muerte que era una farsa. Tuve que marchar pues estaba muy fichado y profesionalmente bloqueado.

A. R.: Pero en la novela hablas de esto, unas pinceladas tal vez, pero lo cuentas. ¿Cómo decides, tan acertadamente, en una novela tan lejana a los hechos, insertar esta realidad?

En mi estilo literario, uso mucho el flashback… Asocio ideas y me voy a tiempos pasados, sobretodo si inciden mucho en el personaje, que en el caso de Daniela, soy yo mismo.

A. R.: Y bueno, yo como Paco Umbral, vine aquí a hablar de ese libro. (Risas) Es hora de qué me digas, después de tantas novelas, por qué Daniela, qué significa para ti ese libro y además si estás de acuerdo conmigo en que aparte de autobiográfica es fundacional. 

Daniela es una novela autobiográfica, o novela-verité, como me gusta llamarla rememorando lo del cine-verité. Yo salía de una operación de cáncer de colon, 19 días de estancia en hospital, y ya en casa tuve necesidad de vomitar muchas cosas que había estado pensando. Y el vehículo más idóneo era la propia Daniela, musa y salvadora de mi depresión por la muerte de Carol, mi esposa. Ese vómito es esta novela, para cuya primera redacción invertí solo tres meses, más otros dos de correcciones y añadidos o supresiones. Eso es todo.

A. R.: ¿Cómo vive un escritor de tu generación la irrupción en el mundo de las nuevas tecnologías, este tremendo cambio de paradigma?

Para un escritor de mi generación, la de los niños de la guerra, las nuevas tecnologías son un reto y una ilusión, en su mejor doble sentido. No sabes cuántos te leen o sólo miran y pasan. Ilusión en el sentido de algo que te fascina.

A. R.: Y por último: ¿Qué aconsejas a un joven escritor o escritora? 

Sencillo: Leer, leer y leer. Después escribir. Y entonces corregir, corregir y corregir. Si gusta, bien. Si no gusta, papelera. Y vuelta a empezar.

https://www.amazon.es/Daniela-Ramon-Serrano-Balasch/dp/9198467646

Ramón Serrano Balasch. Nacido en Barcelona en 1933, reside en esta ciudad a caballo de Calella de Palafrugell, Costa Brava. Escribe desde sus catorce años. En 1953 publica su primer cuento «Un viaje en autostop» en la revista literaria Rumbo. En 1956 inicia una revista mensual de Artes y Letras titulada LA BALLENA ALEGRE, que vio seis números y fue cerrada por marxista y existencialista por el Movimiento Nacional franquista. En 1961 es redactor de la revista económica francesa Le Marché Commune Européen. En 1963 funda, con varios socios, el Instituto de Estudios Afroasiáticos, que con el anagrama RYACE organiza la participación en la Feria de Barcelona de países de Àfrica y Asia. En 1969 es nombrado el primer director de DOPESA, editorial periodística sobre temas de actualidad. Tras otros problemas con el franquismo marcha a México como director de Editorial Labor Mexicana de donde regresa para dirigir la editorial EUROS del diario barcelonés La Vanguardia, y de allí a Madrid para dirigir los libros de Cambio 16. Tras unos años como agente literario funda la editorial con capital familiar FLOR DEL VIENTO EDICIONES, de libros de no ficción, en donde permanece 18 años hasta su jubilación a los 79 años. Ha publicado ocho poemarios y seis novelas, más cuatro libros de no ficción. Ganó, en 1991, el Premio de novela Ateneo de Sevilla con su libro Gentes de la Soledad, sobre el mundo tuareg de Argelia. Está en posesión del Premio a la Lealtad Republicana 1999, que otorga ls Asociación Manuel Azaña.

Ha publicado: Los poemarios: Grito para la niebla. (Helios, Madrid 1971), Su Excelencia Monsivais bien pudo escribir la historia de Cadaqués. (Helios, Madrid 1976), Los poemas de amor de Renan de la Malpassée. (Ediciones Edinford, Málaga 1992), Sub way. El metro de Barcelona. (Seuba Ediciones, Barcelona 1994), Donde el río de la noche lleva. (1961-1996). (Seuba Ediciones, Barcelona 1996), Poemas republicanos. (Editorial Azacanes (2 eds.), Olías del Rey, Toledo, 2000), El libro de Thaïs. (Editorial Azacanes, Olías del Rey, Toledo, 2004), La premura del tiempo. Inédito, 2013, Los Libros de Daniela. Inédito, 2014-2016 y las novelas: El secreto de Saladeures. (Muchnik Editores, Barcelona 1990), Gentes de la soledad. (Editorial Planeta (3 eds.), Barcelona 1991). (Premio Ateneo de Sevilla de Novela), La batalla de la calle Atenas. (Muchnik Editores, Barcelona 1993), La santa. (Muchnik Editores, Barcelona 1997), Mi madre bolitas de paraguas.(Editorial Azacanes, Olías del Rey (Toledo) 2008), así como en No ficción: Afroasia, el tercer mundo. (Sayma Ediciones y Publicaciones, Barcelona 1963), Atrapado en la larga noche. Inédito, 1987. (Memorias), Fogons de Barcelona. (Parsifal Edicions, Barcelona 1991), Ramón Serrano et altri. Dietario de posguerra. (Editorial Anagrama, Barcelona 1998), 89 republicanos y el rey. (Plaza & Janés Editores, Barcelona 1998). (Premio a la Lealtad Republicana), Ramón Serrano y Rai Ferrer. Alejandro Lerroux. (Ediciones B, Barcelona 2003) y Encuentros republicanos. (Editorial Planeta, Barcelona 2007)

Share this Post