HEMBRAS DE CRISTAL

Nada nos pertenece excepto
el deseo promiscuo de ensamblar el eco 
o sembrar helechos en medio de la cama.
Como una
fiebre ancestral
sábanas de gamuza (en pleno agosto) 
hemos de
bruñir el sol
quemar castañas,
cargar roces en la sangre,
cabriolas de infantes que se nos enciman como perros,
conducirlos a un laberinto
y guiarlos
y fregarlos de pecado con nuestras lágrimas
y enjuagarnos las almendras con sus líquidos 
y luego matarlos si es preciso.

Corte

Luego linternas como cocuyos 
se encienden a la vera de un pretexto
de una palabra o seña.
Van despojando los sueños.
Ellos, los que han sido liberados
entre las piedras de algún nítido llano 
de nuestra geografía.



CÓMO TE EXPLICO QUE LA POSIBILIDAD ES INFINITA

No existe resquicio de robles negros
ni tontos que los habiten.
Grita el amanecer una comarca, la escupe, la vomita.
Danzan las cigüeñas sobre el asidero de la peste
Parar o
detener el auto en la carretera después de una noche tibia a orillas de algún mar desconocido.
Tal vez preñar el circo de tornasol
Dejarnos de tanta habladuría
Sembrar un tronco
Cortar una semilla de ajonjolí
sobre el madero de la mesa
aun cuando la cena
ha sido servida.



LA CULPA LA TIENE MARILYN MONROE

La boca es un criadero de pánico.
Allí, donde el río se incendia, soy una hembra libre.
La poesía en mi entrepierna: entre las tuyas el cedro exuberante.
En lento paso del verso, tus pupilas detonan aves pasajeras que aprovechan la tormenta para irse demasiado lejos.
La boca es también una zanja honda. 
¿Dónde poner una boca para la boca,
la boca sucia inhabitable de un cedro herido?
Debo entonces regresar para habitar el bosque con el llanto de la hierba, el cielo oscuro que cubre esta intemperie que soy yo misma.
No puedo ser indiferente al horizonte cuando en su escena los sueños bambolean.
He de levantar con brío entonces la cabeza.
 Acostumbrarme a la bestia y su bramido extenso. 
Al incendio en mi memoria.
 A la poesía absurda.
 Al animal indomesticable que soy.


DESDE LA MIGA BLANCA

Las flores son cosas en un cuarto
rostros agujereados por los escupitajos de la lluvia
caras que trae la gente 
sábanas mal dormidas en pomos plásticos


Tatuadas en los brazos
Tapándose con ellas las vergüenzas.


A veces también objetos prosaicos
caricias de moscas que han ido a pintar en el aire una advertencia necesaria.
Las vacas pastan sobre ellas
hornean con su baba de clorofila el capullo de la noche.
Gravemente heridas alguien las observa desde la ventanilla de un auto que va muy despacio mientras se convierten en una mota de polvo flotante y penetran por la claraboya de algún moribundo.
Las flores en el pasto del ganado giran
parpadean en un rascacielos de mugre.


Enfoguecida languidece de envidia esta mujer
Ya se le antoja entonces
ser tal vez un lirio, una gardenia, un geranio.




(Poemas seleccionados del poemario Yo maté a Marilyn Monroe)






Sussette Cordero Sotero nació en Guanajay, Cuba, en 1982. Bibliotecaria. Poeta y narradora. Egresada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, ha trabajado como editora en la revista cultural Esquife. Ganadora del concurso Internacional de Poesía Editorial Lamás Médula, Argentina. Ha publicado los poemarios Yo maté a Marilyn Monroe y Arar la sombra.

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