Invierno

I

Sabemos que el orgullo no siempre está al resguardo
de los vientos cortantes, ni el cultivo tenazmente sembrado
libre de pedregadas que quiebran la hornada de una vida.
Que las horas, voladores insectos invisibles, se escapan.
Que los ocasos se amontonan sin descanso, y precipitan
la ebullición del líquido, que poco a poco se consume.
Que una jaula de grillos se ha colado aquí dentro,
y nos impide gozar plenamente de nuestra sinfonía
preferida.

II

Pero con todo ¿dejaremos que lo opaco tienda alguna
de nuestras vísceras al sol, como un trapo viejo abandonado
detrás de nuestros ojos, a la espera de que alguien lo rescate,
o tomaremos parte, y arrebatándoselo coseremos
sutilmente sus costuras, le daremos un nombre propio,
plancharemos su centro y todos sus vértices
hasta prenderlo dentro y conseguir que lata y se alce
como cometa a la luz azulada de un día cualquiera
de invierno?



Retorno

I

Los barcos de la oportunidad hace tiempo que partieron
llevándose con ellos el pulso de las horas tras la brújula errada
y su sudor inútil grabado en nuestras manos.
Cómo elevar ahora los puentes de los diques sin provocar la fuga
de los que se quedaron
pensando que enraizados estaban en esta tierra acuosa.
Y cómo asegurarse que aquellos contrafuertes que fuimos erigiendo
en nuestro viaje interno
impedirán que el agua saloscura de nuevo nos invada
y regresen los mástiles con la bandera izada de los malos presagios.

II

Mas en este rincón del gran océano, de esta tierra emergente,
traída de pasadas regiones del recuerdo, pero al fin integrada
en el mar del presente
nada podrá impedirnos la siembra del pan y del gladiolo,
nadie podrá decirnos que no los cultivamos con amor,
y aunque en ese mercado del olvido no se admita excedente
este lo entregaremos al pico y a las alas de las aves audaces
que saben transportarlo
hacia el cálido vientre de ese silencio pródigo del múltiple color,
sin hacer distinción
de la tierra extraída hecha barro, hecha nido, hecha progenie,
hecha retorno.



Hebras

I

En mi cuerpo hay un pozo vacío de sangre
celebrando su ausencia,
y una voz como aérea vena de savia
por las ramas más altas del árbol asciende a la copa,
y allí otea leve y vaporosa el transitar de abajo,
y la tierra granada que un día fue necesidad
y ahora tan solo es anécdota.
De ese pozo ha crecido abundante y fecunda la hierba,
y mi cuerpo es un bosque es un río es un lienzo
por donde una mujer atraviesa y expulsa y olvida.

II

En mi cuerpo hay un pozo exento de sal y de piedra,
un surtidor de agua redivivo donde mi boca bebe,
y cabos enredados, dispersos que se entibian y se unen:
travesía, acueducto, urdimbre hallada de otra piel,
de otras hebras


(Del libro “Grietas de luz”, Vaso-Roto, Madrid-México, 2015)




En los ecos de túneles candentes que llegan de la infancia
hay espigas de cabelleras áureas que yacen esparcidas
sobre la piedra circular del sacrificio.
Los amarillos hierven en la era del estío,
relucen implacables las puntas de cuchillas bajo el trillo.
El cuerpo ha sido hollado y escindido,
y el trigo, como el hijo que ha superado el ciclo
de la pubertad, quiere ser aventado.
Hay en la tarde incendiada de oro
el renacido color esperanzado de la hogaza otoñal.


***

Belleza, líbrala de la ira y del odio, señálale el camino de las calles estrechas,
tortuosas, de puertas transparentes y engañosas, que no tienen salida,
enséñale las manos que no hieren, las que mezclan con otras las esferas que tejen,
como ella las tejía en el manto de las constelaciones de su falda en las horas del día,
y en la noche alguien las descosía propagando un reguero de chispas e hilos negros.

Belleza, ablanda el corazón, los ojos de los ciegos que mirando no ven esa escalera
que sube a tu buhardilla, en donde guardas las venas de la luz y sus crepúsculos,
esos que brotan, que se ciernen azulados, violetas sobre el preludio de una música
de rojizos tejados, mar que se alza, espigas las agujas, torres de catedrales y de iglesias.

Belleza, no dejes que al amigo y a la amiga del alma su rostro y su cuerpo les resulte
invisible, que extiendan sobre su espíritu las sábanas de la tediosa indiferencia,
que se convierta en hiel la dulzura de todas las colmenas que juntos cimentaron.

Belleza, dale la serenidad de los dorados trigos, el canto matinal de los pájaros,
no pongas en sus ojos espejismos, prejuicios que perturben la suavidad perfilada
[de tus dunas.
Déjala entrar en los confines de tus colores, en el dédalo de la gruta de tus palabras.

Belleza, ofrécele la miel de tus entrañas con que sanar al animal herido de sus miedos,
libérala del olvido de sí misma.


***

Nadie quiere sin merecerlo que sobre él o ella caiga una lluvia negra.
Sentirse ignorada por su gato preferido o por sus seres afines.
Que haga presencia la enfermedad que llega y nubla la vista
y devasta poco a poco la espina
antes que el cebo de la muerte prenda su boca.
Nadie quiere que le cosan los labios que guardan la memoria
porque hay verdades enclaustradas que desearían rebelarse.
Nadie quiere no tener en el recuerdo la imagen de un gran amor
o una amistad duradera.
Nadie quiere las manos temblorosas, las marcas del tiempo en el rostro,
la hora del deshielo del témpano salino entre los dedos próximos
al último calor de sus cenizas.
Pero si es inevitable que la negrura se instale y lluevan gotas negras
me alargaré hasta la salmuera espumosa de las olas, preservaré mi espíritu,
y les miraré fijamente a los ojos para que expulsen su receloso olvido.
Y si la enfermedad persiste removeré el océano para alcanzar
el bálsamo que ungirá mis heridas,
o el orificio por donde se vierte el vino de los buenos presagios.
Y si hay verdades que se ahogan las sacaré extramuros a pasear al mundo
para que no se sientan únicas ni absolutas.
Y si ese amor o esa amistad no ha llamado a mi puerta tejeré una red mágica de seda
pues nadie puede abandonar la vida sin haber sucumbido a ese azar.
Y cuando llegue la última edad, ojalá que en tus ojos como nieve refuljan mis arrugas,
que mi cuerpo y mi mente sean como el diente de león, llenos de levedad.



***

Hallar respuestas imposibles pide tu corazón,
ponerlo solo a respirar la hondura de este aire noble
que asciende por leales escalas para ti;

aclarar la mirada y ver desde la altura los almendros en flor
ardientes de belleza como lámparas que rodean tu casa,
lo inmenso en la llanura, las aguas imparables del río,
el humo que desliza toda la calidez de la madera
sacrificada al fuego que habita un espacio limitado,
y olvida que su naturaleza llama a la desmesura;

y saber que dentro muy adentro viven, crecen, se protegen
los seres más queridos que aguardan tu llegada
con el mantel bordado sobre la mesa puesta.



***

Qué serena alegría dejarse ir, volar hacia el pájaro imposible sin el lastre
de lo ya vivido, nadar por cristalinos aires con alas de radiante oropéndola,
eclosionar, subir del valle hasta las altas cumbres, plantar el dulce albor
[de la bandera que une al mundo.
Qué daría yo por ver tu rostro erguido como el centro pulido del diamante,
saber tu corazón abierto y conectado como habita el colibrí en la hondura
[de intensísima flor.
Quedaría en suspenso como muerta viviente presintiendo la bienaventuranza
de palabras que escriben el futuro, y nos conducen tras largos pasadizos
hasta el cénit del astro que disuelve la niebla, y señala el camino que conduce
[al amor.



***

Y a pesar de la niebla que ha velado los ojos, que ha apagado los labios,
se oyen temblar en la otra orilla las notas de un violín puliendo el aire,
llenando el fondo hueco de mí misma, abriéndome los párpados,
diciéndome los soles y los cauces que esperan palpitando entre tus manos,
y yo me ofrezco sin volver la cabeza, la traspaso, riego los verdes frutos
[cargados de promesas,
aguardo a mi vendimia, me exprimiré, fermentaré en tu cuerpo, seremos
la placidez del vino en el invierno, nos beberéis dichosos, habiendo
[nosotros ya bebido
una lluvia muy clara que lave de su sombra a las cenizas.


(Del libro “Y a pesar de la niebla” In-Verso, Barcelona, 2018)


GOYA GUTIÉRREZ, Cabolafuente (Zaragoza, 1954). Es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Ha sido profesora de enseñanza secundaria, impartiendo la asignatura de Lengua y Literatura castellanas. Actualmente reside en Castelldefels (Barcelona) y forma parte del grupo Alga. Es miembro de la ACEC (Asociación Colegial de Escritores de Catalunya). Desde el año 2003 es coeditora y directora de la revista literaria Alga www.castelldefels.org/alga Como difusora cultural coordinó durante tres años un ciclo de lecturas y tertulia poéticas en Barcelona http://poesia-nostromo.blogspot.com. Sus trabajos críticos y poemas han sido publicados en distintos diarios especializados y revistas nacionales e internacionales. Su obra poética está recogida en numerosas antologías, ensayos y libros colectivos, como Antología poética “El poder del cuerpo” Editorial Castalia, (Madrid 2009), YIN Poetas aragonesas (1960-2010) Editorial Olifante (Zaragoza 2010), Un árbol de otro mundo. En homenaje a Antonio Gamoneda Vaso Roto Ediciones (Madrid-México, 2011) o www.amediavoz.com entre otras. Hasta la fecha le han sido editadas las plaquettes: Regresar, Cuadernos Bauma (Barcelona, 1995). Desde la oscuridad/ Fram the darkness, Carmina in minima re nr. 44 (Barcelona, 2014), y los libros de poesía: De mares y espumas, La mano en el cajón (Barcelona, 2001). La mirada y el viaje, Emboscall, Vic (Barcelona, 2004). El cantar de las amantes, Emboscall, Vic (Barcelona, 2006), Ánforas, Devenir (Madrid, 2009), Hacia lo abierto(Barcelona 2011) Grietas de luz, Vaso Roto (Madrid-México, 2015) y Y a pesar de la niebla, In-Verso (Barcelona, 2018). Poemas suyos han sido traducidos al catalán, inglés, italiano y rumano. Para más información ver www.goya-gutierrez-lanero.com

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