NOCTURNO (2)

En los cuadros nocturnos los pintores
sustituyen la luz por luces. Lienzo
que, olvidado de los matices, muestra
un continuo sin formas que salpican
aquí y allá pequeñas claridades,
lejos unas de otras, incapaces
de concebir una realidad.
Son esas luces sueltas las que dicen.
Minucias que se alzan en metáforas.
La luna, su reflejo sobre el lomo
del oleaje, una ventana, ámbar
quieto de las farolas, el vehículo
que frena antes de desaparecer.
En el cuadro que la mirada elige
para pensar, los brillos sobre el cielo
nocturno responden las preguntas
que no sé aún que puedo formular.



EL GRAFÓMANO CAMINANTE

El río es el autor de un incansable
dietario en páginas de agua.
Anota las miradas de los árboles
de ribera. Examina
la ortografía en la correspondencia
que llega a los sillares
del puente. Se complace
con la intensidad afectuosa
de los amantes entre juncos
ocultos.

Los amantes también
quieren que el río se detenga
en sus caricias
y les dedique muchas líneas.
Algunos sustantivos, verbo, un único
adjetivo e interjecciones varias.
Con eso se contentan. Aunque sepan que el texto
llega pronto al océano,
biblioteca de escribas
fluviales, donde todas las historias
de amor acaban confundidas.



MONET

Acaba de envolver en una tela
Monet el lienzo que ha iniciado
durante la mañana. Un nubarrón
amenaza en el cielo y oscurece
el aire. Queda junto a una piedra,
apoyado en el suelo, con cuidado,
y se apresura a desarmar
el caballete y a guardar pinturas
y pinceles en el macuto.
Una vez todo recogido y antes
de que la lluvia llegue, echa un último
atisbo a lo que ha pintado. Un campo
de mieses que verdean
moteado por cientos de amapolas
bajo un sol de verano.
Solo falta la luz
que la nube le niega, piensa,
y se marcha con el paisaje
que no está bajo el brazo.



GARZAS

Las garzas buscan días claros
para posar en los prismáticos
que las observan. Sobrevuelan
a baja altura el bosque
y planean por las orillas,
junto a los juncos, paspartú entre marco
y dibujo. Sumergen la mitad
de sus zancas y el pico entero
en las aguas, avanzan
despacio, trazan círculos
perfectos en la superficie
y provocan un leve chapoteo
que solo escuchan los silencios
del río cuando el cauce
confunde lo que fluye
con lo que permanece.
Y entre tanta quietud,
estampan por el aire ameno
la ronca destemplanza
de su graznido. Nada se comprende
entonces. Así actúa
la realidad.

(Poemas seleccionados por el autor de su último poemario Pájaros extraviados (2019))




José Ángel Cilleruelo nació en Barcelona, en 1960. Ha publicado los poemarios: El don impuro (1989), Maleza (2010), Tapia con mirlo (2014) y los poemas en prosa: Glería de charcos (2009), Vitrina de charcos (2011), Becqueriana (2015) y Pájaros extraviados (2019) .

En narrativa ha publicado: El visir de Abisinia (2001), Trasto (2004), Doménica (2007), Al oeste de Varsovia (2009), Una sombra en Pekín (2011) y Ladridos al amanecer (2011). Y la prosa memorialista: Barrio Alto (1997) y Almacén: dietario de lugares (2014).
Mantiene la bitácora de creación El visir de Abisinia.

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