Un cuerpo al que pudieras hacer arder

No veas detrás de mí la ristra de cadáveres
que parece asediarme y seguirme
desde un territorio caluroso y lejano.

No veas el signo de desamparo que hay en mis ojos,
febriles por ver tantos incendios.
No veas en mi carne el epítome de un país
ensangrentado.

No sientas en mi estremecimiento
el temblor
de los sufren,
este miedo es único y me pertenece,
no distingas en mi voz
alaridos de aparecidos,
concédeme el privilegio
de una desolación propia.

No veas en mi rostro
celajes
de ninguna patria
danzando con la muerte.

Sólo quiero que veas este cuerpo que soy,
sustancia persistente
sin espectros
piel y huesos.
Un cuerpo
al que pudieras hacer arder




La interrupción de la luz

Cuando las luces se apagaron,
nuestros corazones fueron habitados por fábulas aciagas
la noche antes amada se bautizó
como la siembra del pánico.
Estábamos próximos los unos a los otros
y en la penumbra la sangre comenzó a viajar
como un perfume vuelto anzuelo.

Muchos se guiaron por el olor
y desearon nadar en un convulso río rojo.
Cuando horas después la luz regresó
no reconocimos nuestros rostros,
salpicados por el rictus de la bestialidad.

Nuestra tierra estaba colmada de cuerpos
mutilados,
escuchamos los gemidos dolientes
vimos nuestras manos manchadas de culpa
y fue tarde cuando descubrimos
que también estábamos heridos de muerte.




Eterno deshacer

La vida es un largo viaje,
eso rezan antiguos adagios
tan viejos como el desconsuelo y el goce.

No hay viaje
sólo eterno deshacer
una ininterrumpida descomposición
como rastro que deja el cuerpo.

Con cada avance crees rozar la dicha
y das un poco de tu carne
y bocanadas de tu aliento
que sorbe con fruición la muerte,
hasta que tu travesía signada
por la entrega atroz
termina de vaciarte.

No puedes ofrecer la posesión ultima:
la desnudez.
Ya no eres nada
ya no eres.




Signo de nacimiento

He tocado algunas puertas conjuradas para no abrirse jamás
y me hice amante de la intemperie y de la mordida del frio.
Una morada me exhibió sus entrañas humeantes de refugio
se maquilló como mi irreductible recinto,
para luego serme esquiva y exhalar cerrojos
frente al ascenso de mi fragilidad.
Aprendí a ser promontorio que habita lo lúgubre
quizás, por un signo de nacimiento.

Otras puertas se abrieron impúdicas
sin esperar mi anunciación nocturna y mi tacto suplicante
murmuraban punzantes mantras de invitación
que me laceraban los oídos y sustituían con pavor
mi sed de lecho y calor,
evité adentrarme en sus interiores míseros o suntuosos.

Una puerta se ha abierto como flor que esparce lo piadoso
como un beso que ha lavado la tierra entera
me engulle exultante y me transfigura en huésped y morada.

Eres mi huésped y mi morada
somos el alojamiento mutuo
quizás, por un signo de nacimiento.





Mariela Cordero (Valencia, 1985) Abogada, escritora y poeta venezolana. Autora del poemario “El Cuerpo de la duda” publicado por Ediciones PublicArte en Caracas, Venezuela (2013). Cuenta con algunas distinciones entre ellas: Tercer Premio de Poesía Alejandra Pizarnik,Argentina (2014).Segundo Premio de Poesía Concorso Letterario Internazionale Bilingüe Traceperlameta Edizioni,Italia (2015).Primer Premio de Micropoemas en Castellano del III Concurso Transpalabr@rte, España (2015). Primer Premio de Poesía en el Concurso Internacional de Poetas Hispanos (2017) mención calidad literaria. Mención Honorífica en el Concurso de Poesía Guido Gozzano Turín (2017).Su poesía ha sido
publicada en varias revistas literarias internacionales y en diversas antologías. Sus poemas se han traducido al serbio,ruso, shona, francés, macedonio,eslovaco, chino, árabe,checo, inglés y uzbeko.

Share this Post