A Mónica Du Bois

Las noches de lunes a jueves tenían una tónica común en nuestro departamento de Belgrano. Mamá veía la tele en su cuarto y papá se trancaba en el despacho para leer la prensa o un libro, o redactar alguna de carta que la mañana siguiente me encargaría depositar en el correo de Cabildo. Solía leernos en voz alta fragmentos de las respuestas de nuestros familiares de Caracas o Valencia, en especial si contenían saludos o menciones de nosotros, y cuando terminaba de hacerlo se volvía a trancar en su despacho. Mi hermana apenas le prestaba atención, concentrada como solía estar en acaparar el salón con el novio y los amigos. Ellos charlaban, reían, escuchaban música, y sus ruidos se filtraban en el comedor donde yo esbozaba los textos con que iba llenando mis cuadernos de anotaciones. Me iba a dormir casi siempre pasada la medianoche, cuando los amigos de mi hermana seguían aún en casa. Y si nos llegábamos a cruzar, intercambiábamos saludos y hasta algunas palabras. Se trataba de jóvenes dispuestos a la conversación y con una visible tendencia a la melancolía, rasgos que además parecían implicarse recíprocamente: a más melancolía, mejor conversación, y viceversa. Nosotros en cambio proveníamos de un lugar en el que se privilegiaba la rimbombancia, el juego sensual, la risa barroca, y lo melancólico era, por lo general, bastante mal visto. Desde ese entonces tengo la sospecha de que lo venezolano solo resulta atractivo si viene acompañado de una actitud alegre o festiva, o mejor aún, de una omnipresente echadera de vaina. En efecto, a nuestro ser la nostalgia le sienta fatal, como si esta hiciera que nuestra superficialidad y nuestro vacío sean aún más notorios. En cambio un argentino nostálgico tiene el potencial de convertirse en un gran personaje, e incluso en el punto focal de una historia que postule a lo trascendente. Quizá esto explique el abismo que separa nuestras literaturas. Claro que siempre existirán excepciones, como en toda regla. Por ejemplo, en aquellos años leí por primera vez Derrota y pensé que Rafael Cadenas podría haber pasado por un poeta argentino, de no haber sido por el siguiente verso: “que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo («Ud. es muy quedado, avíspese, despierte»)”. «Ser un quedado» o «avisparse» resultaban expresiones demasiado venezolanas, e intuí que el poeta las había utilizado como una forma de subrayar su gentilicio. Para la estructura general del poema, además, resultaban muy importantes, pues le brindaban un énfasis que se traducía en un inusual equilibrio. Concluí que al emplearlas Cadenas le había hecho un gran favor a la poesía venezolana. También en aquella misma época se me presentó una cuestión que me llegó a inquietar sobremanera: ¿de donde habría sacado Adolfo Bioy Casares la peregrina idea de adjudicar al Fugitivo, aquel reflexivo, y hasta taimado, protagonista de La invención de Morel, el gentilicio venezolano? Luego de mucho pensar, concluí que se trababa de una elección solo comprensible dada la naturaleza fantástica de la narración.

Reflexiones de este tipo llenaban mis cuadernos de anotaciones y son hoy la materia prima de las redacciones con que busco ocupar mis momentos de ocio, que no son pocos en mi exilio en la Milla de Oro. Esta especie de breve ensayo sobre la nostalgia, sin ir más lejos, nace de aquellas anotaciones adolescentes. En Madrid tengo un único amigo: un argentino escritor y políticamente afín a lo que a mí me hizo rico. Es un hombre pobre y nostálgico. Un creador de grandes historias, con quien me gusta hablar de mi adolescencia en Buenos Aires para encontrar que a partir de ella mi vida puede adquirir también un sentido literario. En el fondo no somos tan diferentes uno del otro, y eso me sirve de consuelo frente el terrible aburrimiento.

Octavio Vinces (Lima, 1968) de nacionalidades venezolana y peruana, es autor de la novela Las fugas paralelas (Premio UNAM-Alfaguara, México, 2003) y del poemario La distancia (Tranvías Editores, Lima, 2011). Textos suyos han sido incluidos en diversas compilaciones. Es también colaborador de varios medios.

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