Escena

A Paul Celan, y disculpas
si lo salpiqué de tierra

Este bosque de antenas oxidadas
fue el estómago en donde se perdió
mi pequeña transmisión. Y quien veía
cómo te alejabas hoy escribe,
distorsión y pala en mano.

Había tierra en nosotros.
Las bocas negras por dentro.
Cavamos. Tierra en nosotros.
Cavamos y cavamos hasta llegar
al pozo sensible de la herencia.

De pronto ya no hablaste más
bajo este inmundo cablerío
ni bajo los árboles ni bajo un sólo
reino de nubes ni garantías vacías

seguías cavándome– a través de la interferencia.




Los robos

Untaré mis brazos embarrados
con agua de noche, la untaré sobre el cráter
que baja por estos brazos como bajaba ayer un niño
ebrio de sol y de risa.

Liberaré tus dos piernas, angelito,
y me quedaré con la llave en la mano
mientras describo el candado que nos encastra
al palacio de cruces sordomudas.

Recuerdo estar rodeado de un silencio profundo,
aún más profundo cuando los grillos dudaban en la noche
y los mosquitos, como terribles Prometeos, intentaban robarme
un poco del incendio que llevamos dentro.




Nietzsche revisited

Tiene el mar enfrente,
algunos secretos bien guardados
para compartir con ese monstruo
helado que avanza y mueve
la arena cada vez que respira

Lleva algunos atardeceres
guardados en su pecho de mañana
y confía en que cada uno de ellos
lo harán seguir viviendo

Deja entrar el corazón
del monstruo en su garganta.




Panorama

Estos son los ángeles en los que nadie cree.
Son los que van de casa en casa, girando
con un dejo de tabaco y pasado
mal resuelto. Apuestan huesos
en la lotería de la eternidad.

Estos son ángeles venidos no del paraíso
sino enterrados bajo tierra. Son quienes anidan
en el dormitorio del enfermo, el apartado, el adicto.
Son los mezclados con el cemento y las flores industriales,
la perversión sin confesiones, todo lo que nadie quiere ver.

Bajo un hermoso cuarto menguante
deambulan alumbrados por esa luz
blanca como blancos son los huesos
del Dios que los desterró y hoy
saca provecho de sus alas rotas,
los escupe mientras se aclara la garganta,
hace de sus días un Laboratorio.




Fermín Vilela (Buenos Aires, 1992) es poeta y traductor. Fue autor de variados artículos, traducciones y entrevistas publicados en revistas y editoriales como Buenos Aires Poetry, Anfibia o Mundo con libros. Publicó El horizonte del umbral (Peces de Ciudad Ediciones, 2017) y Purga (Buenos Aires Poetry, 2019). Actualmente reside en Portugal, trabajando como traductor, crítico literario y agricultor.



Share this Post