CUADRADO
 
Cuatro puntos, cuatro vértices,
dos hijos, dos padres,
un cuadrado, una familia.
Contiguos: se hablan.
Em diagonal: se gritan.
Y en el centro, el tiempo.
 
Horas, días, meses, años,
cuatro estaciones
cuatro puntos cardinales,
un cuadrado, una familia.
 
La esquina donde nos pensamos,
el ángulo de los juegos,
el rincón de lavar la noche,
el vértice donde nos hacemos mayores.
 
Cuatro puntos
                                                          una familia.
 

 
 
 
SÁBADO
 
Hay un buitre negro en la cocina.
No lo ahuyentan las rectar verticales,
                                                                                                                              ni las paralelas,
ni consigo resolver la ecuación
que me da la trayectoria de salida.
 

 
 
EL FRACTAL
 
Hace meses que anida un fractal en mi cabeza.
Pincha, quiere hacerse notar y lo escondo.
 
Unos días intenta salir por mi boca,
le preparo un whisky, le doy uncigarro,
y le pongo el termómetro.
Así no lo oyen los vecinos.
 
Otros días quiere salir por mis ojos.
Entonces, los pego al ordenadro o al asfalto,
y, con el sombrero puesto,
me voy a la compra.
 
Nunca lo descubre la cajera.
Si quiere salir por las manos, lo dirijo hacia los dedos,
le pongo delante un papel
y le incito a que haga garabatos.
Eso lo tranquiliza.
 
Lo peor es cuando quiere salir por los pies:
estos se convierten en plomo,
el fractal se ancla al suelo
y siento que me ahogo en un charco.
 
Solo algunas noches le dejo salir.
Atraviesa mi piel, y me duele.
A veces sangro.
 
Nunca aprovecha para escaparse.
 



SUS CANAS
 
Las primeras aparecieron con la puesta de sol.
Solo fueron unas pinceladas,
y poco a poco las fueron tatuando
las ramas de los pinos, el mar, las verdades.
 
El tiempo se retorcía sin piedad
y llegaban al desanudarse la corbata cada tarde.
No encontró ninguna entre las sábanas.
 
Desde entonces, se han caído las hojas
y algunos días nos arropó el frío,
y siguienton llegando a su cabeza y a la mía.
Llegaron desde esos zapatos casi nuevos
que quedaron vacíos,
entraron por la puerta abatible
al sonar la luz roja.
 
Durante esos años hubo momentos buenos.
Galopó a lomos de dinosarurios,
dibujó elefantes en la arena,
y hemos llenado juntos la cesta de los días
con pan, lentejas, caramelos y algun viaje.
A veces, se guardó un llanto en el bolsillo
y alguna división nos salió mal.
Qué difícil es conjugar la tabla del cuatro.
 
Las hojas siguen cayendo,
y una sombra se esconde tras los ángulos.
 
{Poemas seleccionados por la autora del poemario Ángulos, Edit. Nazarí (2017)]



Chelo de la Torre. Estación de Linares, Jaén (1950). Licenciada en Matemáticas ejerció como profesora de Secundaria hasta su jubilación.  Escribe desde la adolescencia y, al llegar a su jubilación, retomó sus textos y se dedicó a escribir poemas y participar en recitales y festivales de poesía.
En 2014, impulsó y co-fundó el Club de poesía «Carmen Conde” de Collado-Villalba (Madrid). Su obra ha sido recogida en antologías tanto nacionales como internacionales e intercontinentales, así como diversas revistas culturales.
Su poemario Ángulos (Ed. Nazarí 2017), se publicó en edición bilingüe Castellano-Árabe con prólogos del poeta y maestro de poetas Jesús Urceloy y del profesor y traductor literario: Samir Moudi.

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