Mi hijo se droga

como yo me drogué
y mi padre y mi abuelo se drogaron. 
Siempre que llega le reviso los ojos
quiero que al despertarse me bese
y al acostarse me bese
que en su mundo florezcan las vicarias
y a lo largo de todo su camino enormes algarrobos
le proporcionen sombra.




Hoy mi hijo se tatuó la sombra de una mano

sobre su mano izquierda. Tres manos tiene mi hijo y
no precisamente para alcanzarme en colosal azogue el
diccionario azul. Tres manos que ensombrecen lo que tocan.
Me dejaría tocar, pero este imán partido es demasiado 
/fuerte.
Soñé que me hundía y desde un óvalo de tierra
mi hijo con dos manos cruzadas sobre el pecho
ofrecía la sombra de una mano.
¿Cuánto de mí cargan las manos de mi hijo?
¿Cuál mano atrapo si estoy ciego y todo es sombra?


Hoy la cabeza de mi hijo sangró.

Se ha tatuado en la cabeza
un círculo más grande que su encéfalo.
En tinta roja
el círculo encierra la primera vocal
papá -me dijo un día- arrastrándola dos veces
y dos veces tuve corazón esa mañana.
Anarquía, balbucea, anarquía
Está predestinado a repetir esta vocal.
A mi hijo no le interesa saber en qué consiste la anarquía
sólo quiso un tatuaje en la cabeza. 
La cabeza de mi hijo llegó al mundo
primero que su llanto.
Desde el vientre saltó como el corcho de una sidra.
Luego el tiempo
lo ha convertido en un jabón.
El jabón se escapa entre las manos, se estrella contra el piso, queda en las manos la espuma.
¿Qué hacer con esta espuma que endurece?
La cabeza de mi hijo es un jabón




Hoy se llenó con salfumán dos copas

y se quitó la piel para que el brindis fuera memorable.  La piel desierta sintió que le llovía, 
/crecieron los almendros,
la piel en sombras no quiso que llegaran las dianas 
/de cubrirlo.
Años de piel elástica, escudera.
Mi hijo sin piel le mancha al viento las campanas,
el viento hace visible sus raíces,
las copas caen, el salfumán se escurre,
la piel sueña tener autonomía, enjuagarse en salfumán, volverse viento.




Este salario no alcanza para parches,

debo escoger entre remendarme o masticar.
Comida hoy, mañana esparadrapo.
Corriente alterna que hace girar mis aspas.
Los cuchillos que mi hijo lanza
salen del mar,
me llaman por teléfono.
Hay en mi espíritu más cruces que en el Vaticano.
Bajo cada cruz la boca de una cicatriz
bajo cada cicatriz la mirada amorosa de un cuchillo.




(del poemario El lado sano de la lágrima, Ediciones Laponia, 2019) 





Jorge García Prieto (La Habana, Cuba, 1979). Poeta y Promotor Cultural. Dirigió el Taller Literario Municipal de Arroyo Naranjo. Premio de Poesía Manuel Cofiño 2007, Segundo lugar en el Concurso Nacional de Poesía Rafaela Chacón Nardi 2007, finalista del Premio David 2012, Premio Nacional de Décima Francisco Riverón Hernández 2017. Tiene publicado los libros: Poemas subsidiados (La pereza, Miami, 2013) y Errático animal (Montecallado, Cuba, 2018). Textos suyos aparecen en las antologías Esta cárcel de aire puro (Editorial Abril, 2011), El árbol en la cumbre (Editorial Letras Cubanas, 2014), Paraninfos (Editorial Capiro, 2017) y Estaciones de retornos (Editorial Shushikuikat, 2019). Ha colaborado con revistas de Chile, Argentina y México.


 

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