Miguel Ángel Fraga en el espectáculo multimedia Talud
(Crédito: Ulrika Bernhardsson)


por Miguel Ángel Fraga

El miedo se define a sí mismo como la respuesta involuntaria ante un ataque externo, real o imaginado, y se expresa con inquietud, ansiedad o angustia. Nos advierte de un peligro potencial. Peligroso es aquello que aún conociendo su existencia, no sabemos cómo enfrentarlo. El miedo paraliza, nos vuelve impotentes. Y he aquí donde reconocemos nuestra ignorancia o falta de conocimiento. La parábola de Jesús sobre los hombres que construyen su casa, uno sobre la roca y el otro sobre la arena, demuestra que quien aplica el conocimiento, no ha de sentir temor.

El conocimiento es lo opuesto a la ignorancia, el arma para vencer al miedo. Con conocimiento todo cobra significado. El miedo desaparece cuando encontramos la explicación a lo desconocido, la cura o el antídoto que contrarresta los efectos nocivos del mal que nos ataca o enferma.

Tememos lo que no conocemos cuando creemos que puede hacernos daño. A la luz del conocimiento no hay nada que temer.

Al no comprender el Covid-19, le tememos. Esto trae consigo pánico e histeria colectiva, que desencadenan los sentimientos de pérdidas y dolor. Que no tengamos hoy la solución para enfrentar la pandemia, no significa que no exista el remedio. La cura existe, sólo que aún no la hemos encontrado.

Toda forma de temor contiene un grado de ignorancia. Ignorancia significa: no saber. El miedo surge a partir del desconocimiento de fenómenos tanto naturales como sociales y es una herramienta poderosa en manos de las clases dominantes.

Las religiones, las dictaduras, el nacionalismo y otros muchos actores, utilizan el miedo como coacción ideológica para sus beneficios. El conocimiento da poder y «los poderosos» tratan de mantener a las masas al margen del conocimiento.

Si echamos un vistazo a la historia vemos que las clases dominantes reservaron para sí el conocimiento y fomentaron las supersticiones y el obscurantismo. Manteniendo en ignorancia a la población, consiguieron gobernar fácilmente con la coacción, el miedo y la manipulación. El sentimiento de impotencia, el no poder cambiar las cosas, es otra forma de ignorancia. Los que han sido sometidos o esclavizados, si supieran cómo librarse de la esclavitud, sin duda lo lograrían. «Ser culto es el único modo de ser libres» (José Martí).

Hoy en día hay más instrucción y escuelas; digamos que el conocimiento ha llegado a muchas más personas. Pero la manipulación social es más sofisticada. Al observar la propaganda gubernamental, la prensa, el marketing de ventas, vemos cómo la sociedad es dirigida hacia el consumismo y las formas de entretenimiento en masas (los grandes eventos, el videojuego, la telefonía móvil, etc.). Al seguir observando, nos damos cuenta cómo trabaja el «factor ceguera» o «adormecimiento social» – que es una manera sutil de mantener la ignorancia. La gente no se considera ignorante pero es incapaz de razonar o darse cuenta de lo que hay detrás de la propaganda gubernamental y todas las ofertas del mercado. Ignorar a conciencia lo que está ocurriendo, en aras de la democracia, es otra manera de ignorancia. Creer que «eso a mí no me toca» o «es cosa de los del tercer mundo», es ignorar el peligro que corre la humanidad.

Estamos al borde del suicidio: o despertamos o nos destruimos. En mi opinión, vivimos los últimos días de un cambio. Poco a poco la gente va dejando de tener miedo. Poco a poco la gente va mirando el miedo y cuando el miedo es observado se incapacita para atacar. Porque el miedo en realidad no existe, es el velo que cubre el conocimiento.




Miguel Ángel Fraga (La Habana, 1965)  Narrador, poeta, licenciado en Historia del Arte, miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba. Su obra ha sido publicada en Cuba, Chile, España y Suecia. En 1995 recibió el Primer Premio en el Encuentro Nacional de Talleres Literarios por su cuento De nalgas al fondo. En 2011 recibió el estipendio ‘Per Olof Perssons Minnesfond’ que otorga el anualmente Positiva Gruppen Syd de Suecia. Sus libros más estimados – No dejes escapar la ira  (Letras Cubanas, 2001), En un rincón cerca del cielo  (Aduana Vieja, 2008) e Hivernation (Notis, 2012) y Casa Cercada (La Palma, 2018) – abordan de diferentes ángulos el sida como la pandemia del siglo XX. Sus novelas Olvidó que me queríaArroz con Frijoles y Sabor Bolero son frescos de cubanía donde lo cotidiano y vernáculo se llena de hilaridad a modo de viñetas. Actualmente reside en Suecia.

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