Si mi padre me dice
 
Si mi padre me dice: Sé un hombre
yo me encojo como una larva,
clavo el abdomen bajo el anzuelo.
 
Blando, como un molusco sin concha,
me siento desmantelado, aguanto el tipo.
 
Me pregunto entonces
de qué sirve haber aprendido cuatro idiomas
si las palabras no se oyen bajo el agua,
si solo sé escribir poemas.




De cuando me equivoqué de bar
 
Yo soy de esa clase de amigos
que siempre pide otra ronda en los bares.
No tengo hijos,
soy el hijo único de una dinastía de bastardos
que se llena el estómago y se autodestruye.
 
Mis amigos, sin embargo, son padres,
de esos que buscan una excusa para volver tarde a casa,
siempre me invitan a otra,
nunca quieren que me vaya.
 
Ellos me miran y cien veces
me cuentan cien veces lo difícil que es
la suerte que yo.
Ellos no ven las hormigas que trepan por mi pierna,
no las ven.
Beben tiempo con su boca de padres,
tragan tiempo con su saliva de padres
y yo me vuelvo cada vez más pequeño
y sus hijos cada vez más grandes.
Y con cuarenta, con cincuenta,
volveré al mismo bar de la esquina
y entonces los que hoy son niños se preguntarán por qué
tantas hormigas en mi boca,
por qué el amigo de sus padres se sigue creyendo joven.
Con cincuenta, con sesenta,
quién me llevará a casa,
quién guardará mis huesos bajo las sábanas.
Con sesenta, quizás, con setenta
quién contestará a mis preguntas,
quién me dirá lo difícil que es,
la suerte que yo
cuando un día me confunda y pida otra ronda

frente a la sola luz de mi nevera.




Minotauro, una digressione
 
Las vecinas de mi madre exhiben orgullosas su legado.
De los marcos de las ventanas en cordeles
cuelgan la ropa sucia de sus nietos
como banderas que les recuerdan todo lo conquistado.
Sus trofeos gotean en el patio de mi madre,
son la promesa de una dinastía que no morirá con ellas.
 
Mi madre, sin embargo, tiene la sangre oculta, las persianas cerradas.
A veces la imagino cansada, escuchando a Battiato,
la imagino tendida y descalza, agarrando mis camisas,
entre las sábanas limpias de mi cama vacía:
hija, madre, huérfana, viuda,

un árbol seco cuyas raíces germinan y mueren en su garganta.




Tanatorio

No es una mujer limpiando una lápida,
sino una madre bañando a su hijo.
 
Javier Fernández
 
 
Cuando exhibís su vestido nuevo, recién lavado,
cuando habláis de su primera palabra, su primer diente,
o dudáis si es mejor darle el pecho o leche en polvo
 
yo os cogería a todos de la mano,
os llevaría en silencio al velatorio de mi cama,
donde mi hija juega eternamente a hacerse la muerta.
Os mostraría el color de sus ojos fingidos,
su cara hinchada de sueño acumulado,
los dedos arrugados, el pelo limpio,
tras bañarla cada noche con esmero.
 
Miradme. Yo también soy un buen padre.




[Poemas extraidos de Actos impuros (Hiperión, 2017)]

https://www.amazon.com/Impure-Acts-Angelo-Nestore/dp/1945023236





Ángelo Néstore nació en Lecce, Italia, el 4 de octubre de 1986. Es Licenciado por las Universidades de Málaga y Bolonia, y Doctor en Traducción e interpretación. Desde 2007 reside en Málaga.
Ha dirigido el Festival de Poesía de Málaga Irreconocibles y la editorial feminista La Señora Dalloway. Ha participado en el encuentro ’12 del 14′ de Nueva Poesía Malagueña celebrado en El Pimpi.
Ha sido mención de honor de numerosos galardones: ‘Premio Cero de Poesía Joven’, el Certamen ‘No pierdas el Sur’ de la Fundación Cruzcampo y el ‘Tweets Desencaja’ del Instituto Andaluz de la Juventud. Así como primer premio del Certamen de Creación Artística No pierdas el Sur y del prestigioso XXXII Premio de Poesía Hiperión 2017.

Share this Post