Fina García Marruz, una poeta de la Patria de José Martí





A una recién difunta

Lo más raro, después de todo,
no es morirse. Es
no haber podido terminar
el dobladillo de la saya
que dejamos sobre la mesa,
oh, qué confiados.




Como un romano

¿Quién sirve
como un romano
-ese monarca
natural- una cena?
¿A quién no merma
jamás su oficio
sino alegría?
Rey, Guerrero,
Oficiante,
y Padre siempre.
¿Quién
-como si mandase-
sirve una copa?




Qué caprichosa y exquisita mano…

¿Qué caprichosa y exquisita mano
trazó, eligió ese gesto perdurable,
lo sacó de su nada, como un dios,
para alumbrar por siempre otra alegría?
¿Participabas tú del dar eterno
que dejaste la mano humilde llena
del tesoro? En su feliz descuido
adolescente ¿derramaste el óleo?
¿Qué misterio fue el tuyo, instante puro,
silencioso elegido de los días?
Pues ellos van tornándose borrosos
y tú te quedas como estrella fija
con potencia mayor de eternidad.




La noble Habana

¿Por qué, Señora,
el aire, el desafío,
pierna y botín robustos
y pecho de paloma?

¿Por qué, conquistadora,
sobre los raros farallones
de desiguales ángulos
te empinas, desdeñando
abajo el foso oscuro de las aguas?

Castillo de la Fuerza,
Giraldilla,
tu donaire y victoria.

¿Será por eso el acierto
de la profunda gracia del tamaño,
torneado y breve, combado
como jarra, hospedera?

¿Qué sabes tú, Señora
de la Gran Llave,
apoyada en tu propia apertura
a los golfos abiertos?

¿Será lo abierto tu secreto,
noble Habana, Señora,
tu breve corpulencia,
tan graciosa,

tendrá por eso ese perfil de ave
-el pie bien afincado-
y ese ligero aire
fanfarrón?




Nociones elementales y algunas elegías

Ah, sabias cucharas,
tenedores de madera, nobles jarros,
aprenda vuestras texturas,
vuestras fieles y viejas amistades
con el fuego de la tarde
y los aposentos más íntimos de la casa,
ah, mis sobrevivientes,
os miro, extrañamente consolada
por esa fidelidad que nos olvida.






Josefina García-Marruz Badía. (La Habana, 1923), conocida artísticamente como Fina García Marruz. Fue miembro del consejo de redacción de la revista Clavileño, y del grupo de poetas de la revista Orígenes (1944-1956), que encabezó el poeta y narrador, José Lezama Lima, en el que participaba también su esposo, el poeta, narrador y ensayista Cintio Vitier, así como Eliseo Diego, Octavio Smith, Gastón Baquero, Ángel Gaztelu y Cleva Solís, entre otros. Con sus primeros cuadernos Fina se destaca y singulariza entre los origenistas con sus Poemas, 1942 y la Transfiguración de Jesús en el Monte, 1947, por el acento profundamente espiritual de su estética.
Su obra poética fue apareciendo de manera paralela a su labor investigadora con obras como Las miradas perdidas, 1944-1950, 1951; Visitaciones, 1970; Créditos de Charlot, 1990; Los Rembrandt del Hermitage, 1992; Viejas melodías, 1993 y Habana del Centro, 1997, entre otros.
Ha recibido el reconocimiento nacional e internacional a través de la concesión de numerosos galardones de prestigio como el Premio Nacional de Literatura, el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda o el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2011.

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