mde

de Osadías

me desprendo de las cosas
para encontrarte
en la nada

sin embargo
en el hombre desprendido
vigoroso
tu reflejo me deslumbra

y enciende de nuevo
mi terca vanidad

**

Leucótoe

Enterrada
en la comarca de tu lejanía, soy
la princesa que el sol amó.
En mi tronco corre el fuego
de un rito obstinado: invocarte
con incienso vivo y penetrante.
Humo llenando el vacío, danza
de las apariciones.


**

El Duque de Amusco


Bate sus alas en la sonrisa del Duque y se encumbra el ave solitaria. Descubre entre las rocas un vértigo nuevo. El perfume del rocío sobre las grietas sedientas. El lejano mar haciéndose lago. Fluye en la ausencia de corrientes, como acostumbra hacer la soledad.

¿Qué ocultará la cima nublada?

El gorrión vuela y vuela,
creyendo huir
de la lluvia.

El amor nace en la tierra húmeda. El Duque de Amusco empuña la pluma, y rocía su jardín seco con las sílabas derramadas en el fondo del pozo. Busca una nueva fertilidad.

El ave cambia su plumaje, se mimetiza en la montaña. Es de esmeralda el brillo del bosque al atardecer, cuando los tímidos rayos rozan las venas de las hojas. Los troncos se fosilizan, piedra apenas sensitiva.

Solo el orfebre sabe
lo que sufre la piedra.
La paciente noche. La gema perfecta.

Voz del Duque cincelando la oscuridad. Ave floreciendo en Bromelia roja. El vuelo es quieto y sin temporada. Quédate en mí, no te extravíes entre la noche y el olvido del mundo.


**

de Osadías

las olas acarician la costa
colocando arcanos
en el corazón de las conchas

los granos de arena entre los pliegues
escuchan apenas
una llamada indistinta
trueno que sacude el atardecer
de pescadores sentados
sobre el reflejo de las nubes

libre
en la red de líquida luz
entre una miríada de estrellas flotantes
el plancton
se encomienda al movimiento celeste

y un pescadito de barro
tiembla
en las manos del alfarero

**

de Osadías

me liberas del pomo
de la vanidad
y vuelvo a ser aquella
que suscita la vida

desnuda
tendida en la grama
redescubro mi piel de barro
mientras el agua forja
el deseo encendido por el sol
y filtra en mis poros
el arco iris
de una nueva inocencia


**

del polvo al polvo

me he vaciado de la rabia
me he sacudido
la vanidad de encima

acompaño
el movimiento de los astros
y no esquivo los escollos
de cada choque
vida nueva
de cada vida
nueva es la declinación de amar

me he colmado del sol
que cada noche duerme
acurrucado en mi pecho
luz
que no me pertenece
pero alumbra y despeja

sé que nada vale
y todo cuenta
procuro deshacerme
de sumas y restos
tendiendo al punto cero
donde cada célula escondida entre los versos
se expande en universos
llevando la palabra
hacia el silencio
materia que se esfuma
abriendo en el tiempo una ventana
llamada eternidad

(Poemas sin título de los libros seleccionados)

Zingonia Zingone (1971) Licenciada en Economía, es una poeta, narradora y traductora italiana que escribe en español, italiano, francés e inglés. Vive entre Italia y Costa Rica. Cuenta con poemarios editados en España, México, Costa Rica, Italia, India, Francia, Nicaragua y Colombia. Sus títulos más recientes son Los naufragios del desierto (Vaso Roto, 2013), Petit Cahier du Grand Mirage (Éditions de la Margeride, 2016) y las tentaciones de la Luz (Anamá Ediciones, 2018). Entre sus trabajos de traducción destacan los más recientes poemarios de la nicaragüense Claribel Alegría: Voci (Samuele Editore, 2015), que se adjudicó el premio internacional Camaiore 2016, y Amore senza fine (Edizioni Fili d’Aquilone, 2018). Dirige la columna de poesía internacional en la revista italiana MINERVA.

Tiene editados en español los poemarios: El canto de la Sulamita – Poesía Reunida, Uniediciones, Colombia, 2019; Máscara del delirio, Ediciones Perro azul, Costa Rica, 2006; CosmoAgonía, Ediciones Perro azul, Costa Rica, 2007; Tana Katana, Ediciones Perro azul, Costa Rica, 2009; Equilibrista del olvido, Editorial Germinal, Costa Rica 2012; Los naufragios del desierto, Vaso Roto Ediciones, España, 2013 y las tentaciones de la Luz, anamá, Nicaragua, 2018.


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