Lucía recuerda el sueño que tuvo esa noche: Esteban, su ex marido, había entrado a la casa. La decoración del living estaba totalmente cambiada: los sofás grandes reemplazados por otros más chicos, cortinas donde antes no había; los armarios de su dormitorio, abiertos; los cuadros que había heredado de su abuela habían desaparecido. Esteban había revuelto todos los rincones, hasta que había dado con el lugar donde ella guardaba el dinero y se lo había llevado. El mueble necessaire color caoba, en cuyo doble fondo solían poner los dólares cuando vivían juntos, se encontraba abierto Qué estúpida, tendría que haberlos cambiado de lugar, se recriminaba y en medio de la pesadilla se largaba a llorar.

Sentía bronca, angustia, odio, impotencia. Le preguntaba a la persona que hacía la limpieza por qué lo había dejado entrar. Le decía que nunca más, que jamás le volviera a abrir la puerta. Pero la mujer se mantenía en silencio. Esteban se había salido con la suya, ya nada podía hacer. Ella entonces miraba esos sillones diminutos, incómodos. Trataba de consolarse, de creer que así era mejor ya que el tapizado de sus sofás grandes estaba destruido por los rasguños de los gatos. ¿Pero cómo podía ser mejor? Todo era catastróficamente peor.

Intenta iniciar su día, olvidando la pesadilla. Cree que podrá mantener cierta distancia de la certeza de haber sido ultrajada. No lo logra. Se pone un pantalón negro y una remera azul claro de mangas largas. Apenas se mueve, tiene miedo de caminar por su casa. Le parece un campo minado. Despierta a su hijo para llevarlo a la escuela. Lo sacude con cierto rencor, como si el chico fuera el responsable de que ella tenga que soportar a su ex. Querría preservar a Iván de los conflictos y sentir por su hijo lo que enseguida aparece: un amor profundo.

Le desagrada su propio cuerpo, la opresión en el pecho, el temor a que suene el teléfono. Sabe que deberá actuar como una persona eficiente, a pesar de la certeza que guarda de que ha sucedido algo siniestro. Pero se dice que no, su ex marido no entró en la casa, es solamente un sueño. Hace seis años que no conviven.

Le prepara el desayuno a Iván. La tensión en su cuerpo sigue presente. Mientras va vertiendo las cucharadas de chocolate en polvo en la taza, la conversación telefónica con Esteban de la noche anterior se impone en su mente:

–  Hola Lucía, soy Esteban ¿Tenés algún problema de que Iván vuelva mañana a la mañana? Conste que te lo estoy preguntando a vos antes de hablar con él.

–  Ya tenemos programa para hoy.

–  Parece que no te puedo pedir nada. Todas las veces me encuentro con que no, no, no. En cambio vos a mí me pediste irte con Iván a Mendoza un día antes de lo que te correspondía y yo te dejé ¿No te das cuenta de que a Iván vos lo estás haciendo mierda? Le hablás de la plata, arreglás cosas con él antes de hablar conmigo. Pero a mí me vas a escuchar.

Recuerda cómo alejaba el auricular de su oreja, cada tanto lo acercaba y corroboraba que Esteban seguía hablando.

–  ¿Me escuchaste?

–  Sí.

–  ¿Qué escuchaste? ¿A ver, qué escuchaste?

Sabe que no contestó y que Esteban colgó. No bien apoyó el auricular en el aparato volvió a sonar el teléfono.

–  ¿Qué programa tiene Iván?- demandó entonces.

–  Vamos a ir a cenar a lo de unos amigos.

Toma el cartón de leche de la heladera, va llenando la taza, se le cae por los costados. Camina hacia la mesada para buscar un trapo. La aterra la posibilidad de que su ex le pregunte acerca de esa cena a la que, supuestamente, habían ido ella e Iván. Una cena inventada para sacárselo de encima.

Lucía advierte que a pesar de que se habían divorciado, la situación entre ellos no cambiaba. Todas las esperanzas de que la distancia física trajera un límite afectivo, de pronto, se habían desmoronado.







Paula Varsavsky es escritora, periodista y docente. Publicó las novelas Nadie alzaba la voz (Emecé) y El resto de su vida (Mondadori). Dicta cursos en universidades de la Argentina y el exterior. Es colaboradora de los diarios La Gaceta, La Nación, El Mercurio y Perfil.  Publicó Las mil caras del autor. Conversaciones con escritores ingleses y estadounidenses (EDUVIM, RIL Editores Chile, RIL Editores España). Tradujo y prologó las novelas breves de Jane Austen Amor y amistad y Jack y Alice (Editorial Bärenhaus). Ha escrito la colección de cuentos La libertad de los huérfanos. Sus cuentos se han publicado en revistas, antologías y periódicos de la Argentina, Colombia, Estados Unidos, Inglaterra y Francia. Parte de su obra ha sido traducida al inglés y al francés.

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