Man from the East

It was his calligraphy, how he changed
With the merest touch the meaning of my body,
From wind to wing to heron, and lastly snow,
Snow an artist makes among the many colours
Simply by leaving the paper blank.




El hombre del Este

Fue su caligrafía, cómo cambiaba 
con una simple caricia el significado de mi cuerpo,
de viento a ala a garza, y finalmente a nieve,
nieve que un artista crea entre muchos colores
simplemente dejando el papel en blanco.   




Man from the Labyrinth

Where they got it wrong: they gave him virgins,
Terrified of course and weeping. What he wanted
Was a woman whose wisdom resides
In the sags and creases of the flesh. For a time  caídas y pliegues
He rested his elegant head in my lap
And I found pleasure in his doorless manor,
His halls of no direction. But he wore me out
With his hide-and-seek and riddles, most
Not his own—What has four legs, etcetera.
He wanted to be a different kind of trouble.
Now they’re back to virgins.
I’d warn them but what’s the use. To stay alive
They’d have to choose to grow old.




El hombre del laberinto

En esto se equivocaron: le entregaron vírgenes,
aterradas y llorosas, por supuesto. Lo que él quería
era una mujer cuya sabiduría resida
en las caídas y pliegues de la carne. Durante un tiempo
descansó su elegante cabeza en mi regazo
y encontré placer en su mansión sin puertas
en sus vestíbulos sin salida. Pero me fatigaba
con su juego del escondite y sus adivinanzas, la mayoría
no eran suyas : ¿Qué tiene cuatro piernas, etcétera?
Él quería ser un tipo diferente de problema. 
Ahora han vuelto a las vírgenes.
Yo les advertiría pero es inútil. Para seguir vivos
tendrían que decidir madurar.




Man from the North

He came out of the snow.
Bones over his eyes
So he wouldn’t go blind.

There was hunger and seal fat,
The moon’s marrow
Cracking in the sky.

We broke off flames
From the frozen fire,
Sucked them

Till our mouths blistered:
Wearing bones
On the outside of his body

Saved his sight,
But he saw death
In every moving thing

And there was nothing
I could do
To keep away the cold.




El hombre del Norte

Surgió de la nieve.
Con huesos sobre los ojos
para no quedarse ciego.

Había hambre y grasa de foca,
la médula de la luna
resquebrajándose en el cielo.

Desprendimos las llamas
de un fuego helado,
las chupamos hasta 

que salieron ampollas en la boca:
con su cuerpo 
cubierto de huesos

salvó su visión,
pero veía la muerte
en todo lo que se movía

y no había nada que yo
pudiera hacer
para mantener alejado el frío.




Man from the Star

He comes home covered in a dust that shines.
Tells me he didn’t know anybody’s tongue.
When I undo his shirt I see he still has a body.
They’re like us, he says, but they don’t look up. 
Though he doesn’t smoke, every night I find him
In the darkness of the grove that blocks the sky,  arboleda
A cigarette between his fingers, that little star.




El hombre de las estrellas

Vuelve a casa cubierto de un polvo brillante.
Me dice que no conocía la lengua de nadie.
Cuando abro su camisa veo que aún tiene un cuerpo.
Son como nosotros, dice, pero no miran hacia arriba. 
Aunque no fuma, cada noche lo encuentro
en la oscuridad de la arboleda que oculta el cielo,
con un cigarro entre los dedos, esa pequeña estrella. 






(Traducciones del poeta Pedro Sánchez Sanz)



Lorna Crozier. Nacida en Saskatchewan en 1948, estudió en las Universidades de Saskatchewan y de Alberta. Ha impartido clases de inglés y talleres de escritura creativa.
Crozier ha recibido numerosos premios y distinciones por su labor literaria. Hasta la fecha ha publicado una quincena de libros de poesía, donde sus versos revelan los pormenores de las relaciones humanas. Sus poemas también ponen el foco en la naturaleza, el lenguaje, la memoria y la percepción. 
 

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