(J.A. Cilleruelo, Alberto Pimenta y Ángel Campos Pámpano
en Lisboa, diciembre de 1988. )




D’ENTRO HÁ-DE

señoras y señores, imaginen una pensión,
una pensión que alquila cuartos por una hora, por media
hora, especialmente hacia el final de la tarde, después
durante la noche, una llamada casa de citas,
 
señoras y señores, imaginen una mujer
y un hombre subiendo la escalera, entrando en el
cuarto, sin que nada los una, quiero decir, él
podría haber subido con cualquier otra, pero tampoco
es eso lo que quiero decir

el hombre piensa sólo en perforar a la mujer,
está impaciente, señoras y señores, imaginen su
excitación, está fuera de sí, en un momento
de estos en que debería mantener la cabeza fría,
pero pierde la cabeza,

se mueve torpemente en la cama, para perforar
a la mujer, y en un gesto mal calculado, de
impaciencia, de rabia, golpea con la cabeza la esquina
de la mesilla de noche, una mesa con una pieza de mármol,

la golpea con la parte más frágil de la cabeza, como
una fuente, la sangre chorrea hacia el suelo, hacia
la pared, hacia la mujer desnuda, y sale también un
líquido blanco, de la cabeza, el hombre cae despacio
al suelo, agarrado a la cama, gimiendo, es evidente,
señoras y señores, que no se lo imaginan, nadie se lo
imagina, nadie se lo cree

nadie se cree que la sangre salga de la cabeza
del hombre y no de la vagina de la mujer, porque
la intención del hombre no es chorrear sangre de la
cabeza, es hacer que la mujer sangre por la vagina,
sangre por el útero,
 
porque, señoras y señores, como se imaginan, los
hombres perforan, traspasan a las mujeres, y de ahí los
tumores, las inflamaciones, las infecciones, los hombres
perforan, traspasan a las mujeres, y de ahí los hijos,
fuentes de rasguños en las paredes del útero,

fuentes de infecciones, de tumores, de septicemias,
las mujeres sangran durante semanas,
impregnándolo todo de un olor a sangre

porque los hombres que andan por ahí y encienden el
cigarrillo a lo bogart, ya al mirar a las
mujeres parecen estar preñándolas, perforándolas,
todos esos hombres son señoritos y señoritingos,
todos señoritos y señoritingos

y los señoritos y señoritingos se acuestan con las
mujeres, se acuestan vestidos, y al cabo de un
rato, señoras y señores, tal como se imaginan,
al cabo de un rato empiezan a perforar a las mujeres

y así iba a ser una vez más en la casa de citas,
tal como, señoras y señores, se imaginan, pero el
hombre golpeó con la cabeza la tapa de la mesa, con
la parte más frágil de la cabeza contra el mármol de
la mesa, la pieza de mármol, y quedó extendido en el
suelo sangrando.

y permaneció todavía algún tiempo con una erección,
algún tiempo, tal vez dos, tal vez tres minutos, y
precisamente esto desempeña ahora un papel importante,
o desempeñó, en la autopsia, o desempeña, para la
policía.

el hombre ya estaba muerto, señoras y señores, imagínenselo,
y conservaba todavía la erección, todavía
era capaz de perforar a la mujer, tal vez si
ella quisiera el señorito muerto podría todavía
ser padre, como todos los demás señoritos.

el hombre golpeó con la cabeza en la esquina de la mesa
y la sangre no quería cesar. la mujer se levantó
y siguió mirándolo por momentos y no exagero
si añado que ella orinó, se orinó
levemente, por las piernas abajo, con un leve
chorrito que cayó sobre la cabeza del muerto.




OBRA CARNAL
 
un hombre y una mujer
se aproximan a una puerta
con una llave en la mano.
avanzan
como si no respirasen.
uno de ellos
mete la llave en la cerradura
y entran.
nada más cerrar la puerta
detrás de ellos
se miran un instante y
se lanzan uno contra otro,
agarrándose con las manos y
abriendo camino con el rostro, con la boca.
al cabo de un rato
se arrastran por el suelo
buscando cada lugar del cuerpo,
arqueándose y
vorazmente pasando de una a otra entrada.
los dos tienen la boca mojada
cuando se levantan
al cabo de una hora
jadeando abrazados
pero todavía los devora
una sed casi infinita
e imposible de satisfacer.

 
 
ELLA llega se desnuda y no dice nada
él está se desnuda y no dice nada
ella se acuesta y no dice nada
él se acuesta y no dice nada
 
Después durante algún tiempo más
o menos en en en en en
en en en la la ah ahh aaahhh hhah hhaaaaahhh HHAAh ah de
allí él se levanta
 
Y no dice nada
ella se viste y no dice nada
él se fuma un cigarrillo y no dice nada
ella sale y no dice nada
 
Y no hay
de hecho
nada que decir.



(Estos textos seleccionados de Obra carnal, antología han sido traducidos del portugués al castellano por el poeta José Ángel Cilleruelo)


Alberto Pimenta (Oporto, 1937), poeta, ensayista y perfomance portugués. Autor de títulos que ya son emblemáticos de la literatura actual portuguesa, como Discurso do filho-da-puta (1977), ejemplo excelso de su genio satírico y provocador, y el ensayo O silêncio dos poetas (1978), una lúcida reflexión sobre la poesía contemporánea. A su importante y extensa obra poética, con varias decenas de títulos, cabe añadir una serie satírica televisiva que merece ser considerada como un precedente, Arte de ser português (1978-79), y múltiples acciones poéticas y artísticas desarrolladas en toda Europa.

José Ángel Cilleruelo nació en Barcelona, en 1960. Ha publicado los poemarios: El don impuro (1989), Maleza (2010), Tapia con mirlo (2014) y los poemas en prosa: Glería de charcos (2009), Vitrina de charcos (2011), Becqueriana (2015) y Pájaros extraviados (2019) .

En narrativa ha publicado: El visir de Abisinia (2001), Trasto (2004), Doménica (2007), Al oeste de Varsovia (2009), Una sombra en Pekín (2011) y Ladridos al amanecer (2011). Y la prosa memorialista: Barrio Alto (1997) y Almacén: dietario de lugares (2014).
Mantiene la bitácora de creación El visir de Abisinia.

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