Yasuri del Mar Guasare, la fascinación del corte.

(Por Diego Escobar)

Yasuri del Mar Guasare de Marcelo Seguel Bon es un texto publicado de manera digital por Ediciones Madriguera de Venezuela durante el año de 2017. Fue deliberadamente editado de manera digital como una manera de perpetrar el atentado cultural por antonomasia; poner las obras en libertad, en libre circulación; así, las obras abandonan las librerías para actuar directamente en la realidad gracias a una disposición artística y política determinada. Es un ir en contra del fenómeno del libro como fetiche cultural, como obstáculo epistemológico; es la posibilidad de crítica y análisis al momento de desmontar todo el entramado que hace ver al libro como objeto vacío, como espectáculo e industria de luminarias y, en su sentido más abyecto, es un ir en contra del libro como objeto de penetración y manipulación política, como objeto panfletario y de propaganda. Por lo tanto, el texto ha corrido entre correos electrónicos, pendrives y dispositivos telefónicos; quizás, en algún momento, el texto fue visto como un objeto efímero al momento de un apagón eléctrico y de energía.
El texto está dividido en cuatro partes; “Antiritmos”, “Cartografía y sumidero del mal”, “Glosario de la ciudad electrodoméstica” y “Nervaduras microscópicas en el último sueño de Yasuri”. En general, Yasuri del Mar Guasare es todo aquello que, supuestamente, un texto literario no debería ser jamás; es repetitivo, irregular, está plagado de cortes abruptos, de hilos argumentales que se deshilachan a poco de haber sido esbozados sin llegar a ninguna condición visible, no adhiere a las convenciones sobre el uso de los signos de puntuación y carece aparentemente de sentido pero, la razón por la que existe, es la de su propia singularidad. Posee un universo interior punzante en mitos; reflejos violentos, amorosos y espectrales que exhiben los cimientos y las ruinas que sostienen la realidad e insiste en cortar, partir, dividir el lenguaje; el lenguaje es dinamitado y reprogramado y, en donde el relato se distribuye en una infinidad de fuentes, referencias y desplazamientos temporales. A pesar que el relato parece un rompecabezas inescrutable, éste posee su propia armonía y dinámica, por lo que constituye una manera de organizar el caos.
Es un texto que renuncia al argumento, a las certezas y a la referencialidad; es decir, renuncia a todas aquellas cosas que determinan que una obra sea leída como literatura y en su lugar, produce un texto que reúne ciertos elementos de la poesía visual; catálogos, listados, diálogos inconclusos, fragmentos de sueños y proyectos e instrucciones para piezas conceptuales que no serán nunca realizadas. Es el subconsciente de las personas removiendo deseos oscuros y sensaciones silenciadas. Trampa para anular los procedimientos de la razón, que explora las claves de la identidad personal, en cuanto ésta se hace sujeto y objeto de la experiencia sensible. También, Incorpora sorprendentes neologismos, no vacila en el uso de palabras o estructuras de ese dialecto parasitario, variado y vivo que es el slang o la incorporación de vocablos en lengua mapuche, quechua y warao. 
Es el intento de crear una lengua propia de resistencia contra la ideología dominante; la de romper las jerarquías dominantes y mostrar el corte o costura que subyace en todo relato. Escritura que desarticula el pensamiento que ha devenido en construcción o ideología y, desvela los entresijos de una subjetividad disidente que reclama para la historia y la cultura latinoamericana, el respeto por una lectura dialogante y transversal, ajena al verticalismo y a las concesiones de ciertos modelos globales y, de recurrentes y engañosas perspectivas pos-coloniales. Se empeña en revisar, desmantelar y poner en discusión frente a una multitud de interlocutores de muy distinto origen, un grupo de saberes y de discursos legitimados por los relatos eurocentristas emitidos desde los centros culturales hegemónicos. El texto no ofrece verdades, sino posibilidades, tentativas y argumentaciones confusas y erróneas sobre el yo y, la acción de testimoniar; la tensión de la escritura que recurrentemente se niega a sí misma en un ejercicio de redacción y borrado continuo. 
Por momentos, pareciera que asistiéramos a una escritura-investigación; el registro de una exploración, el lenguaje de la búsqueda, que se encapricha dentro de un proceso dialógico con el lector o la lectora. Es una máquina transformadora de recursos lingüísticos; astillas de una realidad poliédrica, polisémica, polivalente; Dinamitar tenaz y meticulosamente la descripción de cualquier anécdota a través de una prosa (de) construida sobre el metalenguaje, la repetición, la yuxtaposición y, a veces, la agramaticalidad. El desorden estructural del poema visivo (asintáctico) es un modo inventivo de buscar, en el desmantelamiento sintáctico del lenguaje de masas, la reconstrucción semántica que religa el signo con su realidad.
Ante la galopante saturación y previsible desgaste de la visualidad en el marco de la comunicación-chatarra de cada día, se hace necesario desmontar y cribar críticamente el sentido y el silencio de la imagen en todas sus dimensiones, límites y alcances. En el lenguaje no hay sedimentación fija e inamovible sino que se transforma, esas son las estructuras del sentido que llaman la atención en “Yasuri del Mar Guasare”. Estimulación dual que posibilita el lenguaje, en sus posibilidades que, a veces, aparecen cifradas y se amplían cuando abandonamos la supuesta rigidez de las palabras, que nos meten desde que nacemos y así nos predisponen a colgarnos las mismas palabras con escuetos significados, como piedras en el cuello.





Diego Escobar nació en Santiago de Chile el 29 de enero de 1970. Estudió Ingeniería Comercial en la Universidad Central de Chile entre los años 1990 al 1996. Vive en Los Ángeles, CA, Estados Unidos de América desde el año 2000. Escritor ensayista de formación autodidacta; ha realizado análisis y críticas de autores de corte vanguardista y poesía visual. Aún, la mayoría de sus textos se encuentran inéditos.

Marcelo Seguel Bon. Nació el 11 de mayo de 1963 en Santiago de Chile. Estudió enseñanza básica y media en la ciudad de Viña del Mar. Estudió Literatura, Filosofía y Educación en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Vivió desde 1989 hasta el 2016 en Venezuela. Se formó con los escritores Igor Barreto, William Osuna, Miguel Márquez y Judit Gerendas. Publicó Los paisajes imposibles en el año 2006 (Editorial El perro y la rana) y, de manera digital, Yasuri del Mar Guasare el año 2018 (Ediciones Madriguera). También, ha sido incluido en diferentes antologías de poesía latinoamericana en Venezuela, Argentina y España. Desde el año 2016 vive en la ciudad de Temuco, Chile.

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