Germán Guerra: Cuatro sueños





El sueño de la mariposa

Para Félix Lizárraga

La mariposa era una soñadora empedernida. Una mañana, al romper el alba, soñó que era un hombre y que ese hombre se llamaba Chuang Tzu. Chuang Tzu predicando a sus discípulos sobre la necedad de buscar lo infinito del conocimiento desde los límites temporales que supone la vida; predicando sobre la necedad de lamentar la oscuridad de la muerte desde la luz del conocimiento que nos hace inmortales.

Al despertar no sabía si era una mariposa que había soñado ser un hombre o un hombre que ahora soñaba ser una mariposa. Una mariposa más en un vasto jardín preñado de mariposas, de cientos, miles de mariposas.

El sueño del Emperador

Hoy se cumplen treinta años del día que le cortaron la lengua. Los altos magistrados hicieron cumplir en toda su extensión y rigor la escritura sagrada de la ley, y esa fue —y será— la última exigencia para que él pudiera ser ayuda de cámara, el sirviente más cercano al Emperador.

Esta noche, como todas las noches desde el principio del tiempo, le desteje la trenza y lo peina, asiente con un leve movimiento de cabeza a un par de confidencias palaciegas mientras lo viste para el sueño, apaga una tras otra las lámparas de papel perlado —todas menos la tenue luz que está junto a la única puerta del cuarto— y se retira sin dar la espalda ni levantar la mirada. Esta noche no ejecutó el último fragmento del ritual, se despidió del hombre macilento que alentaba en el espejo pero no corrió la cortinilla de seda que debía cubrirlo para que no escapen ni regresen los sueños.

Al despuntar el alba la mañana siguiente, como todas las mañanas desde el principio del mundo, regresa con la misma bandeja de cobre cargando incienso fresco y té caliente para romper las horas de ayuno. Los guardias retiran sus armas y entra en la habitación. Sobre la estera destinada a los rezos duerme un tigre blanco y rojo, justo a los pies de la cama ensangrentada del Emperador.

El sueño del Mulá

Mohamed Omar, el gran Mulá de Kabul, era perseguido por un sueño recurrente. Todas las noches se soñaba siendo todavía un niño, en su aldea natal, abriendo una tras otra las jaulas y dejando escapar los pájaros cantores que criaba su padre; y soñaba la sombra de su padre rompiéndole sus cometas y golpeándolo hasta sacarle un ojo. Como todas las noches, escapaba del sueño con un intenso dolor de cabeza y del cuenco vacío brotaba una gota de sangre que le surcaba la barba hasta la comisura de los labios.

El mismo día que entró con su ejército a la ciudad y tomó las riendas del imperio, les prohibió a los niños empinar sus cometas y a los hombres la crianza de pájaros cantores. El que violara el decreto sería castigado con la pena de muerte. Detener el presente era el único camino que tenía el Mulá para anular el porvenir y borrar el pasado.

Mohamed Omar, quien fue por muchos años el gran Mulá de Kabul, hoy es otro prófugo entre las piedras del desierto y ya no sueña. Ninguna pesadilla lo despierta en la alta noche. En la tienda de campaña, junto a su cabecera, también duermen un viejo ejemplar del Corán y su fusil Kalashnikov, listo para disparar contra las sombras que vendrán en la mañana.

El sueño de la hormiga

La hormiga era una soñadora empedernida. Un mediodía se acuesta a dormir la siesta y sueña que se come una mosca, que la mosca se come una paloma, que la paloma se come un león, que el león se come un elefante, que el elefante devora una ballena, que la ballena se traga el planeta… La hormiga se despierta asustada, la cama está flotando en un vacío enorme, oscuro, infinito.






Germán Guerra (Guantánamo, Cuba, 1966). Poeta, ensayista, fotógrafo y editor. Ha publicado Dos poemas (Strumento, 1998), Metal (Dylemma, 1998), Libro de silencio (EntreRíos, 2007), Oficio de tinieblas (Aduana Vieja, 2014) y Nadie ante el espejo (Bokeh, 2017). Prologó y fueron incluidos varios de sus poemas en Reunión de ausentes: Antología de poetas cubanos (Término, 1998), textos suyos también aparecieron en Island of My Hunger: Cuban Poetry Today (City Lights, 2007), en la Antología de la poesía cubana del exilio (Aduana Vieja, 2011) y en 13 poetas (Hypermedia, 2017). Reside en Miami desde 1992.

Compartir esta entrada